Domingo a la tarde. Clásico sudamericano por las eliminatorias. De un lado, el genial Lionel Messi, y del otro, el fantástico Neymar. Dos entrenadores como Lionel Scaloni y Tité que mandan a sus equipos al frente, a ganar en todas las canchas. Pero la fiesta del fútbol duró apenas 5 minutos, nada más. Allí la pelota se detuvo y no volvió a rodar en la soleada jornada de San Pablo. Todavía sin goles, el derby fue demasiado escueto en el Arena Corinthians, ya que fue suspendido de manera compulsiva por la irrupción en el terreno de juego de funcionarios sanitarios del gobierno brasileño, que denunció a cuatro futbolistas albicelestes por violar la normativa federal de ingreso al país. Por la fuerza y sacando pecho en plena cancha, un delegado de la Agencia Nacional de Vigilancia Sanitaria (Anvisa) pisó el césped para notificar a los protagonistas que el partido no podía seguir por la disposición tomada ese mismo mediodía, sobre el rosarino Giovani Lo Celso, el arquero Emiliano Martínez, el zaguero Cristian Romero y el delantero Emiliano Buendía, los tres primeros titulares en el superclásico y que militan en el fútbol inglés. Lo que siguió fueron forcejeos, charlas subidas de tono con los agentes sanitarios, la mejor predisposición entre los futbolistas de uno y otro equipo liderados por los amigos Messi y Neymar, gestos cordiales entre los entrenadores, aunque enseguida el árbitro Jesús Valenzuela advirtió que no había chance de que haya marcha atrás en la decisión sanitaria y suspendió lo que acababa de comenzar. Por la noche el plantel argentino regresó a Buenos Aires tras un día agitado.
Claro que en medio de la confusión por lo sucedido, el seleccionado albiceleste se retiró de inmediato al vestuario visitante del Arena Corinthians, lo que provocó la reacción de los 1.500 invitados al estadio, entre los que estaba el embajador argentino Daniel Scioli. Incluso hasta hubo algunos insultos de los torcedores en defensa de los jugadores argentinos, víctimas de una medida insólita por parte de las autoridades nacionales de Brasil.
La propia Conmebol aclaró que “por decisión del árbitro del partido, el encuentro organizado por Fifa entre Brasil y Argentina por las eliminatorias para la Copa del Mundo queda suspendido. El árbitro y el comisario del partido elevarán un informe a la comisión disciplinaria de la Fifa, la cual determinará los pasos a seguir. Estos procedimientos se ciñen estrictamente a las reglamentaciones vigentes. Las eliminatorias son una competición de la Fifa. Todas las decisiones que atañen a su organización y desarrollo son potestad exclusiva de esa institución”.
Según las autoridades brasileñas, Dibu Martínez, Romero, Lo Celso y Buendía (todos en planteles de la liga inglesa) fueron denunciados por el incumplimiento de la norma para el ingreso a suelo brasileño, que establece que los viajeros extranjeros que hayan pasado por Reino Unido, Sudáfrica, Irlanda del Norte e India en los últimos 14 días no pueden entrar a Brasil. Lo curioso es que la selección albiceleste estaba desde el viernes en suelo brasileño y no se realizó antes ningún “operativo mediático” como el ocurrido en pleno cotejo para notificarles a los jugadores mencionados sobre la regla sanitaria.
El gobierno brasileño dice haberles comunicado a los cuatro involucrados que debían ponerse en cuarentena y pidió su salida inmediata del país, lo que implicaba que ninguno de ellos pudiera jugar el partido. Igual desde la AFA, el presidente Claudio Tapia aseguró que la selección cumplió con todos los protocolos establecidos y no había nada que rompiera las reglamentaciones deportivas ni sanitarias. No se puede soslayar que ninguno de los futbolistas brasileños que habían sido convocados por Tité y que militan en la Premier League inglesa formaron parte de esta triple fecha de eliminatorias.
Para la AFA y la Conmebol la realidad era que los jugadores estaban incluidos dentro del modelo de burbuja sanitaria de Conmebol, aprobado por Brasil para todas las competiciones internacionales, aunque esa situación fue desconocida por Anvisa, órgano del gobierno federal de Jair Bolsonaro, que acusó a los futbolistas de haber mentido al ingresar al aeropuerto de Guarulhos desde Caracas. Contra esto, el presidente interino de la Confederación Brasileña de Fútbol, Ednaldo Rodrigues, aseguró que los cuatro jugadores argentinos estaban autorizados a jugar el partido y que después iban a ser deportados del país.
El escándalo, para los brasileños, se inscribe en la previa de una semana políticamente movida, ya que el 7 de septiembre, Día de la Independencia, Bolsonaro con su participación en actos en San Pablo y Brasilia buscará legitimidad para enfrentarse al Supremo Tribunal Federal, que lo investiga por atentar contra la democracia por denunciar falsamente un fraude electoral. Lo cierto es que la pelota se detuvo, más por cuestiones políticas que por razones sanitarias o deportivas.
La Fifa tendrá la última palabra
Una vez suspendido el partido en San Pablo comenzaron las especulaciones sobre cómo seguirá la historia de este encuentro, en especial sobre si podrá reanudarse el cotejo o bien habrá sanciones para alguna de las selecciones que se enfrentaron ayer por las eliminatorias. Lo primero que hay que aclarar es que a la Fifa le conviene más que a nadie que tanto Argentina con Messi como Brasil con Neymar estén presentes en el próximo Mundial de Qatar 2022. En este escenario lo que puede ocurrir es que podría reanudarse el partido que recién había comenzado. Pero tampoco habría que descartar que alguna de las dos selecciones pueda perder los puntos. Brasil porque no pudo garantizar que se dispute el partido. O Argentina si es que incurrió en alguna ruptura del protocolo sanitario. Lo que asoma menos probable es que haya alguna sanción ejemplificadora para alguno de los equipos.