Central

Los pibes sólo acompañan pero no sostienen

El ciclo de Cocca no se caracterizó por la apuesta de jugadores de las divisiones inferiores, quizá por la exigencia que implica la lucha por la permanencia. Pereyra es el que más jugó, Ojeda apareció en el final y a Marinelli lo están formando. Villagra, el que mayor terreno perdió

Miércoles 08 de Abril de 2020

La apuesta por juveniles o jugadores del club tiene que ver con la inclusión frecuente de ellos y, por supuesto, no sólo como alternativas con el partido en marcha. Hoy en Central eso no pasa. No fue algo que haya sido un sello indeleble en el ciclo de Diego Cocca. Fue realmente escaso el aporte de los pibes del club por una simple razón: el técnico consideró que no era el momento adecuado para tirarlos a la cancha. Hay algunos casos puntuales en los cuales creer que la mirada hacia abajo existió, pero también cuentan con aditamentos especiales. Joaquín Pereyra es el que más jugó pero es imposible aislar ese dato de que se trata de un futbolista que ya venía con cierto recorrido, a tal punto que debutó en 2016, cuando el equipo era conducido por el Chacho Coudet. Es decir, hace cuatro años que forma parte del plantel profesional. Igual, no deja de ser dato relevante en esta historia, aunque prácticamente el único, el que rompe el molde. Porque hay algún que otro caso, pero con parámetros distintos. Por ejemplo lo que ocurre con Alan Marinelli, quien hasta aquí jamás tuvo la chance de jugar desde el arranque. Lo de Maximiliano Lovera ya es distinto a todo (ver página 3).

   Cocca fue consultado una y mil veces a lo largo de su estadía en Arroyito sobre la posibilidad que les iba a dar a los chicos de las inferiores. Sus respuestas siempre giraron en el mismo sentido, que los miraba a todos por igual y que en la medida que le demostraran que estaban para jugar, los iba a poner. Pero casi nada de ello sucedió. El atenuante más importante que tiene el entrenador canalla a la hora de realizar una defensa sólida es que tomó el equipo en zona de descenso (en realidad se hizo cargo dos fechas antes de que finalizara la temporada 2018/19) y que en ese escenario de presión permanente no es recomendable actuar de manera caprichosa.

   No es sencillo establecer parámetros claros e inequívocos en los cuales pararse para analizar esto de la inclusión de pibes de las inferiores. Lo de Pereyra está claramente por encima de cualquier otro caso, porque jugó 26 (11 de titular) de los 33 partidos que lleva dirigidos Cocca en Arroyito.

   ¿Cuál es la particularidad del caso del paranaense? Es un futbolista que no fue trabajado pura y exclusivamente por este cuerpo técnico. Es que pese a su juventud (21 años) hace ya cuatro que debutó en primera división. Lo hizo de la mano del Chacho. Es decir, después de eso integró los planteles que dirigieron Paolo Montero, Leo Fernández, Edgardo Bauza y Paulo Ferrari. En algunos casos con más participación que en otros. A esta altura a Pereyra se podría catalogar como un joven veterano en Central. No obstante, fue el jugador en el que el técnico mas condiciones vio. Y es por todo ese bagaje ya en primera división que con él se pudo hacer un trabajo mucho más directo que el que se llevó a cabo (y aún se realiza) que con Marinelli.

   El patrimonio futbolístico, físico y anímico con el que contaba Pereyra fue de lo que se agarró Cocca para tenerlo como la principal alternativa a la hora de mirar hacia abajo. Igual no le fue sencillo, ni al jugador ni al técnico. Cocca le dio oportunidades en partidos importantes, pero en un determinado momento (por ejemplo tras el empate ante Lanús, donde cometió un grave error) entendió que debía protegerlo y no exponerlo frente a los hinchas.

   Así y todo, fue por lejos el que más jugó. La mayoría de las veces ingresando desde el banco, pero con un número más que importante de presencias.

   El caso más claro del prototipo de apuesta por las inferiores parece ser el de Marinelli. Porque no se haya tratado de hacerlo jugar sí o sí, sino por ir formándolo de a poco. Allí estuvo el verdadero germen de la apuesta. De hecho el pibe tiene tan sólo seis partidos en el lomo (debutó con Cocca en la Copa Superliga pasada, frente a Aldosivi, en Mar del Plata), pero siempre ingresando desde el banco de suplentes. Varios interlocutores que tienen un diálogo fluido con Cocca hablan de que Marinelli fue uno de los apuntados para potenciar y poder echar mano en el corto plazo. Eso es algo que se podrá comprobar recién a partir del próximo semestre.

   Hoy, con 21 años (los cumplió ayer), el rosarino no es aquel jugador de las divisiones inferiores que el cuerpo técnico de primera convocó para que se sumara a los entrenamientos con el primer equipo. Sus conocimientos hoy ya son otros. También su condición física. De ahora en más llegará el momento en que deba saltar a la cancha, una vez que Cocca lo vea en condiciones y que haya corregido todos los defectos que el cuerpo técnico le marcó en este último año. Igual, la apuesta por un jugador tiene que ver también con la formación del mismo. Por ejemplo, al delantero lo tuvieron mucho tiempo realizando trabajos específicos de desborde y lanzamientos de centros cuando notaron que a la potencia física le estaba faltando el complemento del final de jugada.

   Emmanuel Ojeda (22 años) es otro de los que figura en la cabeza de los hinchas. Porque también es producto de las inferiores y jugó varios partidos en el tramo final de la Superliga, sin embargo, la consideración del cuerpo técnico hacia él no fue constante. El también es otro veterano entre los juveniles que debutó allá por 2015, de la mano del Chacho. Cocca le dio la chance frente a River, en un partido que, a criterio del entrenador, ameritaba un planteo especial y de allí su situación cambió. ¿Antes de eso qué? No sólo no concentraba, sino que era enviado casi todos los fines de semana a la reserva y, al parecer, sin directivas claras hacia el Kily, quien siempre lo utilizó como zaguero central, un puesto que no es el que mejor le sienta. Igualmente, en el tramo final de la temporada Cocca ya lo tomó como una alternativa más frecuente.

   Los demás, poco y nada. Está el caso de Rodrigo Villagra, un jugador por el que Cocca apostó nada menos que en la final de la Supercopa Argentina contra Boca y que después desapareció del mapa. Pintaba para ser uno de los futbolistas que más rápido podía ganarse un lugar en el primer equipo, pero el técnico decidió lo contrario.

   Algo similar sucedió con Facundo Almada (también jugó esa final), pero sólo tuvo apariciones esporádicas, frente a la necesidad de tapar algún agujero por lesión o suspensión de los habituales titulares.

   A poco más de un año de la llegada de Cocca a Central, la inclusión de juveniles formados en las divisiones inferiores no fue de lo más saliente del ciclo del entrenador. Fueron apuestas escasas y a cuentagotas. La exigencia que implicaba la lucha por la permanencia es un alegato importante al que Cocca puede aferrarse. De continuar en el club se verá en el futuro si es cierto que la cabida de los pibes de las inferiores será progresiva. Hasta aquí, el DT dejó en claro que sus preferencias pasan por futbolistas de mayor experiencia.

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