Newell's

El desconcierto invade a De Felippe que no le encuentra la vuelta

El entrenador sufrió a más no poder y padeció la derrota. No le encuentra la vuelta a un equipo confundido y la presión se intensifica.

Miércoles 10 de Octubre de 2018

Si hay algo que quedó claro el lunes por la noche en Santa Fe es que Omar De Felippe está desconcertado. Que no le encuentra la vuelta al problema de Newell's. Al futbolístico, de rendimiento del equipo. "No es cuestión de nombres", sostuvo para hacer hincapié en que juegan todos o lo gran mayoría de los que tiene en el plantel. Fue probando con diferentes actores y no hay cambios en la imagen, la que sigue deslucida. Tampoco aparecen los resultados. Y esos parecen ser uno de los principales temas que mantienen alterado al técnico.

De Felippe probó con un jugador, con otro y con otro. Siempre parece que el que está afuera es mejor que el titular, pero cuando hace las variantes todo sigue igual. De ahí su incertidumbre. Su desconcierto absoluto. Frente a Colón eligió a Víctor Figueroa y relegó a Mauro Formica al banco de suplentes. El Negro pasó desapercibido en el primer tiempo y por eso se quedó en las duchas para darle lugar al Gato, quien fue el destacado y mejoró el andar leproso.
La intriga del DT es que este tipo de situaciones se repiten. Cuando opta por darle la titularidad a un jugador, ese no responde como lo hace ingresando desde el banco. Esto lo desconcierta. Por eso insiste que la cuestión pasa por los rendimientos. Y no le encuentra la vuelta para solucionar ese punto que también viene acompañado por la "cabeza".
De Felippe vivió de manera intensa el partido y lo sufrió, sobre todo en la primera mitad. Se fastidió, gesticuló una y otra vez y hasta le aplicó un certero derechazo a una botella de agua mineral. En ese plástico, con algo de agua que voló varios metros, descargó toda su furia acumulada. Porque lo que hacía su equipo dentro del campo de juego era pobre. Con un juego deslucido.
Don Omar tuvo situaciones incómodas tiempo atrás. Su lugar en el banco se vio sacudido hasta que el empate con Belgrano, en Córdoba, y la victoria ante Lanús ahuyentaron los fantasmas destituyentes. Pero esto es fútbol y todo se nutre por precisamente los resultados. Las incomodidades se despejan con triunfos y el entrenador lo sabe. Y si fuera en el clásico se ganaría el cielo rojinegro y recibiría todos los perdones divinos.
Newell's no está ajeno al fútbol histérico que contagió a la gran mayoría de los equipos y que ya dejó a siete técnicos sin trabajo. Donde sólo importa ganar y se exige ese logro, no hay paciencia para otra cosa. La derrota sentencia y no hay perdón posible. Por eso el choque ante el otro rojinegro era de real importancia para don Omar. Debía salir airoso del Brigadier López porque habría desterrado una racha adversa de visitante de once meses y obtenido un envión anímico y de optimismo pensando en el duelo a cara de perro con el canalla.
La paz interna que había cosechado De Felippe en las últimas semanas tras la victoria ante el granate se esfumó en una noche. Por la derrota frente a Colón, pero sobre todo por la deshilachada imagen futbolística. Esa que llevó, una vez más, al desconcierto de don Omar.

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