Opinión

Un cambio que a muchos sorprendió y decepcionó

Actualidad. La realidad social es cada vez más complicada y el gobierno nacional no reacciona. La militancia será clave para cambiar este presente.

Jueves 21 de Febrero de 2019

Transitamos el segundo mes de este año, y la realidad social es tan inquietante como sombrío fue el año 2018. La inflación del mes de enero fue sorprendentemente del 3 por ciento (en las góndolas y estanterías el ciudadano común vio sobrepasado este guarismo) y todos indican que en febrero será más alta. Las autoridades nacionales no reaccionan y esto no solo que preocupa, sino que duele y hasta enoja a muchos sectores de la sociedad argentina.

Lamentablemente, salvo excepciones, la oposición en todas partes no parece estar tampoco a la altura que la situación requiere, y así asistimos a una danza de listas y mensajes con miras a las próximas elecciones, pero escasas propuestas para salir de la crisis. Los economistas, en general, preparan el discurso histórico para los set de televisión, aportan recetas mágicas mediáticas que cuando son aplicadas desde el poder suelen fracasar sistemáticamente.

La militancia, hecha por mujeres y hombres comunes de los ambientes gremiales, políticos, sociales, debe comprometerse en el cambio de esta realidad y debe estar más activa que nunca. La sociedad argentina necesita de esa herramienta.

Es menester generar conciencia de lo que está pasando en Argentina. Y lo que está pasando es grave, muy grave y afectará si no se corrige el rumbo no solo al futuro inmediato sino al que miramos de aquí a unos años. Nuestros hijos, nietos y descendencia pagará las consecuencias drásticamente.

En el relanzamiento del Movimiento Sindical Rosarino en 2016, ya advertíamos cuáles iban a ser las consecuencias en caso de profundizarse el modelo económico que había adoptado el gobierno nacional y por entonces levantamos el compromiso de defender las fuentes de trabajo y el salario digno, porque sin éstas no hay mercado interno, no hay economía que resista. Algunos parecen no entenderlo

Lamentablemente se cumplieron nuestras predicciones que no eran predicciones en sí mismas, sino que eran experiencias de épocas anteriores. Como fueron las políticas aplicadas durante el proceso militar o la década del ‘90. Los actuales son procesos económicos que no favorecen para nada a la población, a la producción ni al mercado de consumo interno, que es lo que moviliza la economía del país.

Pero sería un error centrar la problemática argentina en la cuestión económica. El descalabro económico es consecuencia del descalabro político y aún mejor: del descalabro ético y moral que ha tomado a la conducción nacional. El problema argentino es el efecto de la indiferencia por el destino del prójimo por parte de las autoridades constituidas. Por eso algunos gremios, como Luz y Fuerza de Rosario, por ejemplo, entre otros, desde hace tiempo venimos sosteniendo una campaña de ayuda al prójimo, que por sobre toda las cosas tiende a crear conciencia en que para salir de esta crisis es necesario instalar para siempre la "cultura de la solidaridad", especialmente en el ámbito político; es menester resucitar principios éticos y morales fundamentales consistentes en comprender que "todos somos el otro, que debemos actuar por ese otro, y que nadie se salvará en una sociedad que no está salvada". El principio a defender es el de la solidaridad.

Aquellos que suponen que una cuenta bancaria, una fortuna económica, es la solución para su persona o grupo, desconocen que los efectos de la injusticia social trae violencia, desquicio, delincuencia, narcotráfico, afecciones de todo tipo y otras reacciones que mejor no tener en cuenta y que el buen pasar individual no remedia.

El gobierno no parece reaccionar (o no tiene interés) para buscar una solución al drama en el que se incrusta el país. En este contexto, los ciudadanos desapasionados y reflexivos deben asumir la tarea de generar conciencia para lograr una verdadera transformación en beneficio de todos, en un país rico con muchos pobres y sobrevivientes. Un país con una clase media que fue noqueada brutalmente por un "cambio" que a muchos tomó por sorpresa y decepcionó.


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