"Y el Gardel de Oro es para......¡¡¡¡¡Marilina Bertoldi!!!!!!" La frase provocó estupor y una dualidad contundente: por un lado las voces más jóvenes del auditorio mendocino Angel Bustelo estallaron a los gritos; por el otro lado, los más veteranos o los que no cuentan tantas canas pero tampoco escuchan el último hit de moda en Youtube se miraron con cara de sorprendidos y preguntaron: "¿Quién es esa chica?" Y no era por una cuestión despectiva o porque no haya que premiar a ningún artista nuevo o ninguna artista nueva, pero el Gardel de Oro es en homenaje al Zorzal Criollo y si bien no hay que cantarle siempre a la “percanta que me amuraste en lo mejor de mi vida", suena excesivo que una artista emergente se lleve un premio semejante antes que, por ejemplo Litto Nebbia, Fito Páez, o para no caer en una cuestión de género, Teresa Parodi, que tuvo el premio consuelo de la distinción a su trayectoria, o Sandra Mihanovich, que fue una abanderada del amor homosexual mucho antes que Marilina Bertoldi diga "a 19 años que no ganaba una mujer el premio Gardel hoy lo gana una lesbiana". Encima cuesta entender que haya ganado el Oro frente a los músicos que tenía en la competencia por álbum del año. Nada menos que Andrés Calamaro, Babasónicos, Los Auténticos Decadentes y Escalandrum.


























