Opinión

La pobreza ambiental

Sociedad moderna. La sustancia del consumismo es su profunda injusticia social.

Sábado 04 de Noviembre de 2017

Es un lugar harto común en la época del hedonismo sin dolor, buscar en la mercancía lo que no tengo. Y, también haber logrado la inoculación de indiferencia plena hacia el otro que está huérfano de toda satisfacción de necesidades básicas. Es tal la toma del poder de nuestros cuerpos por el deseo al consumismo, que en trabajos de campo que se han efectuado, las personas en territorios altamente vulnerables niegan el estado de pobreza ambiental que sufren. Más bien lo soslayan, y recurren obsesivamente a los aparatos electrónicos, llamados celulares. Las células que nos permiten huir de tanto dolor. Se escapan, nos escapamos. Y, el problema ambiental de la pobreza, lejos está de solucionarse. En los estamentos de altos ingresos, la situación es de invisibilización y naturalización de la pobreza ambiental. Es el goce de la posesión y de un descontrolado consumismo que satisface toda angustia o todo vacío. Así, pareciera ser que es más visible socialmente la caída de internet, Wi- Fi, telefonía, gas o electricidad que no tener agua potable para tomar y bañarse.

Es más visible no estar conectado a la red virtual que socorrer a otra persona en estado de necesidad. ¿Pero por qué, esa ajenidad a los problemas reales que caen sobre nuestros cuerpos todos los días? Porque las necesidades y sus respuestas dan la sensación que deben ser remediados a como dé lugar y que una vez lograda dicha satisfacción son derechos adquiridos vitalicios. Pero no es así, la historia demuestra que no hay derechos sociales perpetuos sino se los defiende. Siempre se puede desvanecer lo que creemos sólido y seguro.

El anhelo nos ilusiona y nos permite saltar. Pero el problema es el piso. El dolor de piso por el deseo no cumplido es muy fuerte. Mientras tanto, unánimemente el espacio de la realidad nos reclama. En esta época, dónde no importa que no entiendas, mientras sientas sin cabeza, sin razón, se trabaja falsamente con la esperanza.

La esperanza, en verdad, depende de la satisfacción de las necesidades del aquí y ahora. No del anhelo al consumismo. Sí, de la necesidad atendida y contenida.

El deseo consumista nos indica que se necesitaría más de un planeta y aun así habría cerca de un 40 por ciento de pobres, es decir cerca 3.000 millones de personas y 1.000 millones de indigentes. ¿Cómo se sostiene el sistema mundial con tanto dolor y flagelación ambiental? Huyendo de todo reduccionismo, podemos pensar que uno de los tantos elementos que coadyuvan sería el deseo. El anhelo a un consumo superior y sin límites posterga subjetivamente el reclamo por las necesidades de los necesitados. ¿Quién quiere tener una compañía cotidiana como la necesidad sin respuesta? La gente quiere amortiguar dicha exasperación con deseos.

En los años de las privatizaciones de los 90 donde el incremento tarifario trepaba a más del 20 por ciento de los ingresos familiares, en segmentos medios y bajos de la sociedad era notorio la negación de asumir la precariedad económica y por ende ambiental que generaba esa situación desigual y combinada. Altos egresos económicos e ingresos económicos a la baja. Situación similar a la actualidad, con incrementos de 7 veces aproximadamente, caso gas y otros servicios. Este mal de ambiente nos convence que deseando consumismo superaremos las necesidades básicas. Eso sí, todo ello para entrar a la espera kafkiana de nunca llegar, y no satisfacer por ende ni siquiera lo básico. Es una época indebida de trocar lo imprescindible y necesario por un consumismo que grandes mayorías nunca llegarán. La sustancia del consumismo es su profunda injusticia social y ambiental. Siendo lo peor, las vidas que se postergan y alienan.

La pobreza y el consumismo tienen su otra cara, que es la lesa ambientalidad, es decir el daño al ambiente integral.

Hay un mal de ambiente que trepa por toda la sociedad, se trata del hedonismo sin dolor. Es el hedonismo por finitud. Pues, tenemos fecha de inexistencia.

Consumismo, negación del otro y de lo otro, hedonismo sin dolor, sensaciones sin cabeza ni razón, hacen y construyen subjetividades que dejan afuera mucha vida, mucho talento, mucho buen ambiente y mucho bien común.

Más que cambiar, tenemos que mejorar evitando la lesa ambientalidad.

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