Opinión

Kirchner y la educación

Reflexiones, por Marcela Isaías / La Capital. La llegada de Néstor Kirchner a la presidencia en 2003 marcó un paso fundamental para la educación argentina, hasta entonces más que castigada por la ley federal –entre otras– de los años 90.

Viernes 29 de Octubre de 2010

"Para transformar nada es suficiente y todo es necesario"

Paulo Freire

La llegada de Néstor Kirchner a la presidencia en 2003 marcó un paso fundamental para la educación argentina, hasta entonces más que castigada por la ley federal –entre otras– de los años 90. Durante su mandato se aprobaron cinco normas clave que sin dudas marcaron una política de Estado para el país.

Ocurrió durante la gestión de Daniel Filmus al frente de la cartera educativa nacional. El mismo ministro que acompañó toda la gestión de Kirchner, un logro para no pasar por alto si se sabe que desde tiempos de Hipólito Yrigoyen ningún funcionario del área lo alcanzaba.

La que dio el puntapié fue la ley aprobada en 2003 y que fija un calendario de 180 días de clase como mínimo. Que sigue siendo una aspiración para muchas jurisdicciones, pero que nadie puede discutir que en el fondo tenía la intención de que todos los pibes tuvieran la misma oportunidad de estar en las escuelas.

Le siguió la ley de educación técnico profesional en 2005, nada para despreciar si se recuerda el empeño del neoliberalismo en destruir esta enseñanza. Aún falta que muchas provincias –como Santa Fe– se pongan a tono con esta norma y la cumplan a pleno. No hacerlo es seguir desperdiciando una ocasión histórica para devolverles futuro a los jóvenes.

Luego llegó la ley de financiamiento educativo, que fijó un 6% del PBI progresivo destinado a educación (alcanzado este año). Un porcentaje que la Ctera viene reclamando ampliar, porque en definitiva se reconoce el éxito de la medida inicial.

En 2006 se aprobó la ley de educación sexual integral que empezó a marcar un cambio sustancial en la salud y cuidado de niños y jóvenes. Enriquecida con la aprobación de una currícula común para todo el país, para que ningún maestro tenga además que pedir autorización para educar sobre género, salud reproductiva y respeto a la diversidad sexual. Los perezosos, distraídos y empeñados en oscurecer mentes ya no tienen excusas para postergar esta enseñanza.

En diciembre del mismo año se sancionó la nueva ley de educación nacional, que fijó 13 años de escolaridad obligatoria (desde los cinco años hasta el secundario) para todos los chicos del país. Pero sobre todo está impregnada de un espíritu latinoamericanista, de respeto a los derechos humanos y a conservar en un lugar muy alto la memoria.

También en la gestión del ex presidente estuvo la posibilidad de demostrar que hacer una televisión respetuosa y de calidad es posible. A nadie se le escapa que Canal Encuentro significa hoy esa realidad.

Logros a los que se sumó hace un año una de las medidas más democráticas e inclusivas conocidas hasta ahora, como es la Asignación Universal por Hijo.

Si hay un rasgo común en los maestros es que nunca nada nos conforma, pero también un eterno optimismo de imaginar que lo que viene puede ser siempre mejor.

Es verdad que falta mucho por hacer y profundizar (que nadie se quede sin aprender, por ejemplo), pero las normas sancionadas en tiempos de Kirchner siguen funcionando como reales programas de gobierno. Una muestra simple, honda y palpable es que hay más chicos en las escuelas.

En fin, guste o no a quien sea, no se puede desconocer que se abrió una política de Estado en materia educativa como hacía rato no tenía la Argentina.

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