La mayoría de las personas adultas describen a los celos como un sentimiento muy
doloroso y lo relacionan con aspectos demenciales o de locura. Uno de los comentarios frecuentes al
respecto es "hice todos los esfuerzos posibles para dominar mis celos, pero nada dio resultado, el
dolor es tan fuerte que es muy difícil que pueda soportarlo por más tiempo".
Podemos sentir celos por nuestra pareja, los padres, los hermanos o los amigos.
Todos estos si bien tiene muchos aspectos en común, la manera de plasmarse en nuestras vidas es muy
diferente cuando se trata de la pareja. En los celos de pareja, por ejemplo, algunas personas no
logran contenerse frente a esta situación y actúan de manera violenta y agresiva, perdiendo el
control. Es el sistema límbico el encargado de controlar nuestras emociones y sensaciones y al no
poder manejarlas, dispara la sensación de fantasear o agredir a la pareja.
Los celos son la respuesta a una amenaza real o fantaseada que creemos posible en
una relación que valoramos.
Es cierto que algunas actitudes celosas son naturales, que no expresarlas sería de
una cierta anormalidad, y otras son tan "traídas de los pelos" que cualquier persona (sin ser un
experto) puede catalogar de patológica.
Una de las preguntas más comunes en terapia es si esto tiene cura o solución. En
primer lugar lo más importante es diferenciar entre los celos normales y patológicos.
Los primeros se originan en una amenaza real (el regreso de alguien inesperado, la
aparición por el trabajo de un ex -novio, una carta con alguna propuesta fuera de lugar, un mensaje
de texto con doble sentido), mientras que los patológicos persisten aunque la amenaza no
exista.
La conducta tiene solución si se da una oportunidad para reveer pensamientos y
creencias. Si se los trata de manera adecuada con técnicas psicológicas apropiadas los celos pueden
fomentar el crecimiento personal y la confianza en uno mismo, elevando la autoestima.
Si la persona que siente celos ya identificó la esencia de sus desvelos, que muchas
veces tienen que ver con nuestras antiguas identificaciones (papá-mamá), estará más capacitada para
seguir analizando los motivos de sus reacciones y la forma de modificarlos.
En realidad no tenemos el control total de lo que puede hacer o vivir nuestra
pareja, o de aquellos que por algún motivo están relacionados, pero sí podemos manejar nuestras
reacciones. Lo único que hace falta es voluntad para darnos el permiso de vivir una experiencia
distinta.
Todo lo que damos, hacemos, decimos y aun todo lo que pensamos nos lo estamos
diciendo a nosotros mismos. Como esas palomas mensajeras que vuelven al nido y traen mensajes de
dolor, sufrimiento, pérdidas y malos pensamientos.
Si queremos tener serenidad y equilibrio en vez de celos, lo primero que tenemos
que hacer es reconocernos en los celos y tener el propósito de resolverlos con quien pueda
ayudarnos.
Cuando nos aman y amamos a pesar de los defectos, nos sentimos íntegros, seguros,
pero cuando el amor se siente amenazado los miedos e inseguridades que creíamos tener ya superados
vuelven con más fuerza.
Juan Miguel López, Psicólogo
www.lopezbel.com.ar