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"La obstetricia me permite vivir rodeado de amor"

Fernando Aguilar es un referente de la especialidad. Por qué eligió una carrera que lo obliga a no tener horarios fijos y no apagar el teléfono ni en vacaciones. ¿Es una responsabilidad extra "traer chicos al mundo"? Anécdotas y secretos de uno de los médicos que más partos atendió en Rosario.

Domingo 24 de Septiembre de 2017

"Yo quería ser exactamente como mi tío. El era médico, el médico del pueblo, un tipo querido, respetado. Un personaje importante pero no porque era el poderoso sino porque todos lo querían". Fernando Aguilar habla con entusiasmo sobre su pasado y se toma todo el tiempo para contar, con detalles y anécdotas, por qué eligió estudiar medicina y por qué se decidió finalmente por la obstetricia, una especialidad sin sábados ni domingos que obliga a los médicos a tejer un lazo muy particular con las mujeres, casi como otro cordón umbilical.


"No les puede ir mal a ellas y bien a mí. Y lo mismo al revés. Es un trabajo de equipo", reflexiona, en relación al vínculo médico-paciente que se establece durante casi 9 meses y que sin dudas deja huellas. "Es cierto, del obstetra nadie se olvida", confirma.

En una extensa charla con Más, Aguilar, jefe del servicio de Obstetricia del Hospital Italiano —el hombre que tiene fama de ser el obstetra que más partos atendió en Rosario— repasa su vida, la personal y la profesional. Qué piensa de la movida por el parto respetado. Cómo maneja la demanda que la profesión le impone. Qué se imagina haciendo en un futuro lejano.

—¿Por qué médico y por qué obstetra?
—Yo tenía un tío, casado con una hermana de mi madre, que era médico. Es alguien a quien yo quería muchísimo. Era un referente para mí. Más tarde me di cuenta de que la medicina también era una vocación pero en aquel momento yo sólo quería ser como él... Era un tucumano tocador de guitarra, médico de Zavalla, médico de pueblo. Iba a hacer las visitas y se quedaba a cenar con la familia, sacaba la guitarra y se quedaba hasta las tres de la mañana cantando. A mí todo eso me apasionaba. Lo veía con fascinación desde mis 10, 12 años. Tan solidario, tan apegado a la gente que yo quería ser exactamente como mi tío que era franco, sencillo, bonachón. Un tipo querido, respetado. Iba por el pueblo y nadie le decía "doctor". Un personaje importante, pero no porque era el poderoso del lugar sino porque todos lo querían.

—¿Fue a la escuela en Rosario?
—Sí. Soy de Rosario y toda mi familia también. Fui al colegio Inglés, en la primaria y en la secundaria, por mi ascendencia anglosajona (se ríe; le dicen el Negro). Éramos 90 chicos y chicas en toda la secundaria en esa época. Era un colegio supuestamente elitista pero del que no tengo recuerdo de elitismo alguno ni nada que se le parezca. Mi viejo era un tipo acomodado en lo económico pero que debe haber hecho esfuerzos para mandarme allí. Igual nunca me sentí sapo de otro pozo aunque tenía compañeros que iban en auto con chofer.

—¿Tenía facilidad para alguna materia en particular?
—Fui un muy buen alumno de primaria, un mediocre alumno de secundaria y un mediocre alumno de la facultad. Pero nunca fui un vago de pieza porque siempre tenía algo que hacer. Estando en la facultad armé dos autos, y motos...

—Ocupaba su tiempo en otros intereses...
— Sí, pero desde la secundaria lo tenía claro: quería ser médico. Mi tío era el único médico en la familia. Mis viejos eran los dueños del Petit Café, eran comerciantes. Pero resulta que me meto en la facultad y fui encontrando mi vocación. De algún modo termina siendo una coincidencia eso que uno elige y la verdadera vocación, y a mí por suerte se me dio.

— ¿Y lo de ser obstetra?
—No sabía que iba a ser obstetra. Lo decidí cuando tuve la materia en la facultad. Creo que fui influenciado, entre otras cosas, porque fui a un colegio mixto cuando casi ninguno lo era. Cuando terminé la escuela e iba a los asaltos me resultaba extraño que las chicas estuvieran por un lado y los chicos por otro. Uno de los pocos que les hablaba a las mujeres era yo, pero no por caradura sino porque me resultaba natural. Para mí el mundo era de hombres y mujeres desde el jardín de infantes.

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—¿Le resultó sencilla la especialidad?
—En cierto modo. Pero a la carrera la hice con tiempo, a los 26 empecé obstetricia.

—¿Qué sintió de especial cuando cursó la materia en la facultad?
—Que esto es mágico... es mágico (se emociona). Cada vez que hago un parto —y debo aclarar que no me emocionan tanto las cesáreas—, cuando sale bien, cuando puedo ver con tranquilidad el esfuerzo que hicimos los tres, yo como médico, la mujer y el bebé, es impagable. Bueno, los cuatro, el trabajo de los cuatro, porque está la pareja. ¡Ver salir a un ser humano, verlo nacer es muy fuerte! No sé si uno se puede acostumbrar a ciertas cosas, y esta es de las cosas potentes...

—El milagro de la vida...
—Sí, sí, exacto. Pero no en un sentido religioso, sino eso que llamé magia.

—¿Qué recuerdos tiene de la primera vez, de su primer parto?
—No lo recuerdo tanto. Yo no conocía a la paciente, tal vez por eso... es que los que recuerdo tienen nombre y apellido. En el primero creo que hice todo mal. Lo miré a quien era mi jefe y me dijo que lo había hecho mal. Por eso fui a ver a la paciente como 20 veces después. Pero no recuerdo su cara. Sí me acuerdo de muchos partos con nombre y apellido en los que sentís eso tan fuerte...eso de que yo sin esa mujer no soy nadie en ese momento y que ella al mismo tiempo también me necesita. Es una cosa de dos. De equipo.

—¿Qué pasó cuando empezó a recibir ya a sus propias pacientes, en su consultorio?
—En pocos años comencé a hacer muchos, muchos partos en Rosario. Esto fue en el 87, 88...

—Fueron tiempos en los que su nombre siempre sobresalía, casi todas querían tener a su bebé con Aguilar.
—Sí, bueno (se sonroja), por eso me iba a las tres de la mañana cada noche. Hice por día una enorme cantidad de partos y tengo hasta dos desmayos en ese tiempo por la cantidad de trabajo y el agotamiento. No era lo más recomendable, desde ya. Incluso surgió un rumor, que me habían dado varios ataques al corazón en sala de parto, lo que no es cierto de ninguna manera, pero fueron tiempos de mucho trabajo.

—¿Cuántos partos asistió?
—Creo que unos 15 mil. Un montón.

— ¿Cambió algo en estos últimos años?
— Es que me fui dando cuenta de que no era razonable. Además yo me convertí en un gran estudioso después de recibirme. Entonces también dedicaba mucho tiempo de mi semana a estudiar. En ese aspecto digo que la obstetricia me convirtió en un ignorante de otros temas porque en todos estos años casi no he leído nada de literatura, por ejemplo. ¡Todo de lo mío! Cada día leo de mi especialidad. Es que cuando uno maneja un tema quiere manejarlo cada vez más, y cuando uno es un referente de un grupo mucho más, porque es una mezcla de egocentrismo, para qué negarlo, pero tampoco podés no saber eso que te preguntan. Estoy acostumbrado a responder lo que me preguntan. Es también un intento de no defraudar, además de entender la responsabilidad. Eso me lleva hoy a tener una hora dedicada diariamente al estudio, que cuando ya manejás el tema es bastante. El estudio me atrapa, nada me distrae.

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—¿Se desconecta de vacaciones?
—No tanto. Me llevo el Ipad, donde tengo una información impresionante, y me engancho también con la información, pero lo vivo con placer.

—¿Su familia lo tolera?
—Sí. Estoy casado hace 31 años, y tengo tres hijos. Ninguno relacionado con la medicina. Los más chicos aún viven con nosotros aunque van a la universidad. También tengo tres nietas que me dio mi hija mayor.

—¿Qué puede decirme de su familia?
—Que son un enorme sostén. Mi mujer, Jole, se llevaba a los chicos a pasear cuando yo llegaba cansado para que pudiera dormir en vez de reclamarme la ausencia. Ha sido, y es, una gran compañera. Y mis hijos viven conmigo aún, como decía. Somos familieros y apegados.

—¿Con la paciente se genera un vínculo especial, de cierto pegoteo? El obstetra no es cualquier médico. ¿Hace un poco de psicólogo?
—Mucho... soy un médico que trabaja la cercanía... creo en eso, además.

—¿Puede pasar que ese modo de relacionarse genere, por ejemplo, celos en el varón? Muchas mujeres están muy pendientes de su obstetra, es un momento extremadamente particular en la vida.
—Sí, se puede dar. Por eso soy sumamente cuidadoso, respetuoso. Uno va viendo hasta dónde dice ciertas cosas... Pero lo tengo claro, porque acá se ve todo, cuando la pareja anda bien, cuando anda mal... todo.

—¿Cambió el acompañamiento del hombre a la mujer en el transcurso del embarazo respecto de otras épocas?
—Totalmente. Ha dejado de tener una actitud machista el varón. Se terminó hace rato eso de: "Andá sola que yo trabajo y no puedo...". Rara vez faltan a una consulta los hombres. Algunos hacen un esfuerzo, es real, pero yo lo tomo como un esfuerzo bien entendido. Hay un compromiso del compañero que antes no se veía. Lo que no sé es si se trata de un cambio genuino del varón, en el sentido de algo que ha elegido, o tiene más que ver con un reclamo explícito, y justo, que vienen haciendo las mujeres.

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—También se da mucho que hay hombres que ahora con 40 o 50 años tienen hijos de segundas o terceras relaciones de pareja. Esos hombres quizá a los 20 no estuvieron tan presentes, en otros embarazos.
—Sí, lo veo a menudo y están muy presentes ahora también. Incluso algunos, en los primeros partos cuando tenían 20 o 30 no pudieron o no supieron acompañar, y tienen ahora esta nueva oportunidad. Un detalle: ¿sabés que vuelven a atenderse conmigo mujeres que se separaron y tienen hijos con otra pareja pero nunca una nueva pareja de un varón se atiende conmigo si la primera mujer lo hizo? A veces me cruza el hombre y me dice: "Me encantaría que mi actual mujer tuviera el bebé con vos, ¡pero no quiere saber nada porque atendiste los partos de mi ex!". Ellos repetirían, pero ellas no, ni locas...(se ríe).

—El rol que asume hoy el hombre facilita el trabajo...
— Sin dudas. Yo genero una relación con la paciente pero también con el marido.

—Deben estar también las que llegan sin pareja.
—Claro, no son muchas, pero hay. En realidad, ahora que lo pienso, siempre atendí a mujeres que no tenían una pareja. Yo tengo fama de ser muy protector, quizá por eso también me han buscado bastante.

— ¿Y parejas de lesbianas?
— Antes no, pero ahora cada vez más. Y debo admitir que no fue tan sencillo al principio pero porque no me había sucedido antes. Yo he crecido mucho en lo profesional y lo personal con estas parejas. Me tocó atender a parejas estables, de relaciones muy sólidas. Una curiosidad es que ninguna de esas parejas se casó, y yo les decía: "Tanto reclamaron y ahora no se casan". Y ellas, con total naturalidad, me lo explicaban: queríamos el derecho de poder hacerlo, no la obligación... Sí, aprendí y cambié con ellas.

—Los nuevos modos de relación, las familias ensambladas, las familias monoparentales o integradas por homosexuales, ¿fue un tema dentro del servicio?
—Para nada, es un servicio muy abierto y humano.

—¿Qué puede decir de su equipo?
—Honestamente que los valoro mucho. Acá en el Italiano hay un médico de guardia las 24 horas, un especialista que puede resolver lo que sea y a cualquier hora. Es un equipo de más de 15 obstetras. Y tenemos los residentes. Un gran grupo humano, capacitados todos, muy capacitados. Estamos felices con nuestra vuelta al hospital, el hecho de que las nuevas autoridades confían en nosotros y que nosotros confiamos en ellos, que el servicio ha vuelto a ser lo que era y que tenemos muchos proyectos nuevos y superadores.

—¿Cómo se define como jefe?
—Soy permisivo, pero en realidad porque confío, delego sin miedo. Doy libertad aunque esté atrás de todo, especialmente en los casos de alto riesgo. Los martes tenemos un seminario donde volcamos y discutimos entre todos los casos más complicados.

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—¿Cuáles son las complicaciones más frecuentes?
—Preeclampsia, diabetes gestacional, pacientes de más de 42 años (que también se consideran de alto riesgo), acretismo placentario. Nosotros somos el primer servicio que armó un área específica para atender el acretismo que es cuando la placenta se adhiere, anormalmente, más de lo que corresponde. Es un trabajo multidisciplinario. Lo hacemos los obstetras, urólogos, hemodinamistas, los ginecólogos, los neonatólogos y los anestesistas. La primera cirugía para solucionar este problema la hice yo hace 15 años en Rosario. Y somos un referente provincial en este tema y en partos de alto riesgo en general.

—¿Todas estas complicaciones se pueden detectar a tiempo?
— Sí. Y dependen de los controles y la capacidad del médico.

—¿Usted defiende el parto vaginal?
—Absolutamente. Pero no a cualquier precio, no soy tonto.

—¿Qué opinión tiene de todos los movimientos que existen hoy y que exigen el parto respetado?
—Del todo no lo entiendo... ¿qué significa parto respetado y humanizado? Estoy convencido de que en nuestro servicio y en muchos otros se tiene una actitud humanizada y de respeto a la paciente y su parto o cesárea. Por supuesto que hay que tratar, entre todos, de disminuir el porcentaje de cesáreas sin poner en peligro nada, estoy de acuerdo. Para ello debemos enfrentar todas las variables que participan de este aumento, aunque creo que en algunos grupos no lograremos disminuir demasiado ese porcentaje porque están la edad de la paciente, patologías que ahora conocemos más, tratamientos de fertilidad...

—Parece que le molesta el tema de que se señale a muchos obstetras de no hacer partos respetados...
—Sí, sí. Me da bronca.

—En la Sociedad Rosarina de Obstetricia, ¿están trabajando la posibilidad de bajar los partos por cesárea? El número es alto.
—Sí, estamos ocupándonos de eso.

—¿Cómo maneja el tema de hablar por celular con las pacientes?
—Bueno, tengo millones de llamados por día, pero no me molesta para nada. Cuando me vienen a ver, en la primera consulta, yo les doy mi celular y el teléfono de mi casa. De hecho prefiero una llamada a tiempo que una complicación no atendida. Resuelvo mucho por acá (muestra el celular). No me molesta, creo que ha facilitado nuestro trabajo. Tengo pacientes que antes llegaban al consultorio y me decían: "Hace 15 días que tengo tal problema, o duda, y no te llamé para no molestar". En cambio ahora me lo consultan por whatsapp. La verdad, prefiero eso, ¡me tranquiliza más! No siento que me llamen por llamar. Yo no lo apago ni de vacaciones.

—¿Siempre se va en la misma fecha?
—Casi siempre enero o febrero, pero con el celu...

—¿Qué le dejaron todos estos años de trabajo?
—La sensación de que fui tocado por una varita mágica. Agradezco cada día vivir rodeado de afecto. La obstetricia me ha permitido esto. Yo no puedo ir a un shopping o a caminar por el parque sin que se acerque una familia, o una pareja, a mostrarme al nene o la nena, a darme un abrazo. Vuelven a mí mujeres con sus hijas que ahora van a ser madres. Les atiendo los partos a chicas a las que vi nacer. Es, honestamente, un círculo de amor muy pero muy grande. Que me griten de un auto "te amoooo". Es muy loco. Es lo que sucede cuando uno ha sido partícipe de un momento tan pero tan fuerte de la vida.

—Sin dudas el obstetra es inolvidable...Toda mujer lo recuerda.
—Sí, uno pasa a ser parte de la historia de esa familia, es cierto. Recibo mensajes a pocas horas del parto repletos de afecto, de agradecimiento, cuando yo no hago más que mi laburo. Eso es ser afortunado. Es difícil de explicar (se emociona).

—¿Por qué cree que una mujer elige a un obstetra y no a otro?
—Es muy personal, desde ya. Pero una de las primeras preguntas que les hago cuando me consultan es ¿por qué llegaste a mí? Y muchas veces aparece que es porque atendí a la hermana, la prima, la cuñada. Y eso me da la pauta de cierta presión. A veces me doy cuenta de que no es tan libre esa elección. Y debe serlo.

—¿Incluso si el marido o pareja está en desacuerdo?
—Exacto, elige la mujer. Yo creo que influí en la elección del partero de mi esposa. Y no debería haber sido así.

—¿Le genera un peso extra eso de ser "el que te trajo al mundo"?
—Tengo claro que soy apenas un intermediario. Sé que acompaño pero en la mayoría de los casos la mujer puede parir igual, sin mí.

— ¿Y en qué momento de su carrera está ahora, más preparado para pensar en el retiro?
—No, aún no. Es que estoy muy bien físicamente y la vida del partero pasa mucho por ese aspecto. Creo que voy a estar hasta que me dé el físico. No voy a parar ahora.

—¿Qué hubiese sido si no era obstetra? ¿Lo pensó?
—Probablemente arquitecto. Y dentro de la medicina, cirujano plástico. Sin dudas esto último tiene que ver con mi amistad con Gerardo Hebilla, con él hice toda la carrera. Éramos muy pero muy amigos. Estudiamos juntos, vagamos juntos, armamos autos juntos y hasta el primer buggy que hubo en Rosario. Él era un talentoso, yo apenas su ayudante. Fue muy importante para mí y su muerte me afectó muchísimo. Una de las pérdidas que no logro superar.

—¿Cómo se define como médico?
—No soy un artesano con las manos, como otros cirujanos. No soy tan hábil en ese sentido, tampoco un torpe. Lo que me caracteriza es lo racional, el uso del criterio médico, la posibilidad de saber qué hacer. Siento que sé lo que hay que hacer, después de tantos años casi siempre lo sé.

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Con su compañero de vida, Gerardo Hebilla, armaron el primer buggy que hubo en Rosario.
Con su compañero de vida, Gerardo Hebilla, armaron el primer buggy que hubo en Rosario.

Ping pong

  • Un lugar de vacaciones. Pinamar (pero el no social, amo las dunas)
  • Un sitio fuera del país. Roma, quizá por el amor que mi mujer, Jorgelina, le tiene
  • Un momento del día. A la mañana bien temprano. Me gusta ese momento de estar en casa donde veo cómo se levantan mis hijos para ir a la facultad. Me gusta mi casa, es el lugar donde me refugio.
  • Un bar, un rincón de Rosario. La verdad es que no tengo, salgo muy pero muy poco. Tampoco voy al cine. Me llevo muy bien conmigo y los míos.
  • Un deseo para este país. Que no seamos tan permisivos. Nos pasamos rompiendo reglas y eso nos hace vivir a todos un poco peor.

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