La ciudad

Zona Cero: un barrio en la zona noroeste sumido en constante tensión

Allí ya murieron dos personas en presuntos intentos de usurpaciones de viviendas. Pese a la calma aparente, los vecinos mencionan casos de violencia, aprietes, robos y venta de droga.

Domingo 22 de Febrero de 2015

Las tensiones en la Zona Cero, en el límite noroeste de la ciudad, no se expresan con estridencias. No impactan, al menos de arranque. Subyacen detrás de sus historias, sus necesidades y sus marcados contrastes. Se entremezclan con una rutina de noches largas, amaneceres agitados y el sol de febrero que castiga hombros cansados. El peligro se esconde por su vocación ruin y socarrona, pero igual domina la escena global de un barrio azotado por la inseguridad, en el que ya murieron dos personas en supuestas disputas por evitar la usurpación de casas.

Más allá de que, según las autoridades provinciales, no existen denuncias en ningún estamento, y de la calma aparente que sobrevuela las aceras con la luz del día, lo cierto es que cuando se evitan los cánones de la formalidad, surgen desde los vecinos reclamos por situaciones de violencia, aprietes, intentos de usurpación, robos y venta de droga.

Esas quejas difícilmente se reflejen en el censo que estuvo llevando adelante esta semana la Dirección Provincial de Vivienda y Urbanismo para determinar la titularidad de los inmuebles. Es que son muy pocos los que se animan a atravesar el umbral de la intimidación. Muchos de ellos son vecinos del miedo, de las amenazas, o de miradas cazadoras, y eso los obliga a convivir con un manual de precauciones y palabras atragantadas.

La Zona Cero es un complejo de grandes dimensiones que comprende 1.443 viviendas sociales adjudicadas por la provincia. Las unidades están agrupadas en polígonos y combinan distintos prototipos: planta baja; dúplex y tríplex. Las casas tienen entre 57 y 65 metros cuadrados cubiertos, según el prototipo empleado, y todas cuentan con dos dormitorios, baño, cocina, estar-comedor y lavadero.

El conjunto está ubicado entre las calles Calderón, Cullen y Ugarte, Polledo y Salvat, en el frondoso noroeste rosarino.

La delgada línea. La calle Polledo representa el límite este y se recuesta sobre la villa Ciudad Oculta. Desde allí se teje el eje más problemático del barrio y por allí comenzó el censo provincial debido a que era el lugar que presentaba más puntos críticos, de acuerdo a lo que señalaron la mayoría de los vecinos y los trabajadores sociales.

Allí se verifica un límite concreto desde lo corpóreo, pero difuso desde los padecimientos. Hay problemas comunes, una relación urbana tormentosa y una calle ancha que no alcanza para disimular ese estado de permanente confrontación entre el barrio proyectado y el asentamiento precario adyacente.

Lo formal y lo informal abren un espacio dialéctico repleto de obstáculos y dificultades, que se traslada e influye sobre el comportamiento colectivo.

Esa falta de equidades generó un tablero de acción de retracción y cautela para tratar de evitar inconvenientes, rencillas o daños materiales. Por eso, lo primero que colocaron los vecinos de la flamante Zona Cero apenas se mudaron a Nuevo Alberdi fueron estructuras metálicas, rejas y candados en ingresos, balcones y aberturas.

La franja de casas sobre Polledo es zona de borde, de tensión. Allí los habitantes del barrio deben cuidarse, sobre todo cuando salen temprano a la mañana para tomar el colectivo para trasladarse a la escuela o a trabajar. Según el relato de los lugareños, alrededor de la intersección con Salvat se repiten a menudo las escenas de robo.

En el margen norte, apuntan que hay grupos que estudian los movimientos de las casas para saber si pueden meterse. Allí, algunas familias tomaron la decisión de dejar siempre a algún allegado muy cercano para garantizar el cuidado y la posesión del inmueble.

La mayoría de los vecinos de Zona Cero es gente de trabajo. Que tuvo que sacrificarse mucho para conseguir una vivienda dentro de este conjunto habitacional. Muchos debieron sortear años de engaños, estafas y desesperanza para luego obtener una casa a través de la Dirección Provincial de la Vivienda.

Son familias que, por oficio y por esencia, se arremangan en su nobleza y su humildad para encarar adversidades. Una y otra vez... Que se esfuerzan día a día para poder progresar y ofrecerles un rumbo y un horizonte posible a sus hijos.

Esa gran mayoría debe convivir con un peligro subyacente, que late desde un segundo plano, pero que con sus oscuros tentáculos parece condicionar los hábitos de todo un barrio.

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