Por primera vez se fabricarán en la ciudad ladrillos ecológicos encastrables, la clave de un sistema constructivo que lleva décadas de recorrido en Latinoamérica y en Europa. La novedad llega a través de una cooperativa conformada por mujeres y disidencias sexuales del distrito noroeste, que de la mano de la ONG Ampliando Derechos presentaron un proyecto ante el Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidades de la Nación. Tras adquirir las máquinas en Córdoba, en abril lanzarán la producción, con la expectativa de tener un empleo formal, de aprender un oficio, incluso de mejorar o ampliar sus propios hogares.
En Ludueña Sur (en los costados de la vía del ferrocarril, desde la calle Felipe Moré hasta Liniers) las condiciones de habitabilidad son precarias y el trabajo escasea tanto como el acceso a los servicios públicos. Años atrás, mujeres unidas por lazos de parentesco y vecindad que se reunían en torno a un comedor comunitario conocieron a la presidenta de la asociación civil Ampliando Derechos, Nora Giacometto, que llegó a brindar una charla sobre violencia de género. En la sede de esta organización en barrio Belgrano (Zuviría al 6700), comenzaron a realizar talleres textiles, de sublimado y serigrafía como salida laboral.
A mediados de 2022 recibieron la noticia de que había sido aprobado el proyecto de fabricación de bloques eco modulares encastrables en el marco del programa Producir del ministerio nacional de Mujeres. Tienen entre 18 y 50 años y le dijeron sí al desafío de constituir la cooperativa Geo Eco Construcciones.
Un sueño hecho ladrillo
“Hacía tiempo veníamos con un proyecto así en mente porque en los sectores más vulnerables el déficit habitacional es tremendo, por eso aumenta la población en los barrios populares”, revela Giacometto con energía, poniendo siempre sobre el tapete la cuestión de género: “Muchas mujeres se separan y no pueden alquilar. A pesar de que en el Servicio Público de la Vivienda (de la Municipalidad) y en la provincia hay un cupo del cinco por ciento para las víctimas de violencia de género, éste no alcanza, es muy poco”.
La presidenta de la ONG se pregunta “adónde van las mujeres que salen de sus hogares para sobrevivir” si se considera que “el 70 por ciento de los femicidios ocurren en la propia casa, por eso necesitan salir. Y no se van solas, se van con sus hijos”. En Ampliando Derechos detectaron que un número importante termina en el domicilio de familiares (madres, hermanas, primas) y que entonces es crucial aportarles el insumo ladrillo para que construyan su propia pieza o vivienda.
“En 2007, mujeres de Minas Gerais en Brasil armaron una cooperativa para paliar el déficit habitacional y al mismo tiempo cuidar el medio ambiente ya que para elaborar estos ladrillos no se necesita talar árboles. Se hacen con tierra”, subraya Giacometto sobre la fuente de inspiración de la iniciativa. La máquina hidráulica para compactar la tierra (que comprarán en corralones por metro cúbico) provino de Córdoba. Tanto esta maquinaria como los ladrillos están normalizados por Iram.
“En abril empezamos a fabricar. La primera tanda será para las compañeras”, dice sobre algunas integrantes del equipo que podrán ejercer el derecho a la pieza o la casa propia. “La cooperativa nos permite trabajar los ejes de que las personas deben tener certeza de empleo, que las mujeres y diversidades pueden incorporarse a la vida económica. La mayoría son madres, así que trabajarán en turnos de cuatro horas mientras los chicos están en la escuela. Esto les va a dar una independencia económica”, se entusiasma Giacometto.
La apuesta de los jóvenes
“Dicen que éste siempre fue un trabajo de hombres, pero no tiene por qué ser así. Estamos con mucha expectativa por aprender, por llevarlo adelante”. La que habla es Erika Pérez, de 33 años y madre de dos adolescentes de 15 y 17. Alguna vez hizo servicio de catering pero no ha tenido un empleo formal, como la mayoría de sus vecinos, cuenta. La cooperativa asoma como una apuesta concreta “para tener una fuente de trabajo, con lo que vienen otras cosas también, como la obra social y el aporte para la jubilación”.
En la organización le asignan el rol de vocera y de futura jefa de producción o capataz por su buen manejo de grupos. A Erika le gusta la idea, y también la de poder terminar la secundaria, que en su momento no pudo finalizar. En su charla repite las palabras “expectativas” y “posibilidades”.
Quien va a capacitar al grupo de mujeres es Nahuel Casco, un joven de 24 años que estudia la carrera Tecnicatura universitaria en construcciones en el Instituto Politécnico. “Mi participación es técnica, en la parte de producción y calidad”, aclara, y explica que se vinculó con Ampliando Derechos tiempo atrás, cuando le pidieron colaboración desde la asociación de Villa Banana “Camino a crecer” ante casos de violencia de género. Nahuel y su mamá hacen trabajo social en ese merendero y comedor, además de talleres. Son vecinos del barrio.
El año pasado desde la ONG le advirtieron que iba a venir un nuevo sistema constructivo a la ciudad “y me pareció una muy buena noticia porque éste es el ladrillo del futuro. Además me puse a investigar”, recuerda y abunda que el sistema “está muy avanzado en Brasil desde hace 30 años (más que nada en el norte del país) y en Europa hace 20”. Se lo ve bastante en Uruguay y dentro de la Argentina en la provincia de Córdoba. ¿Y a qué obedece su creciente utilización?
“La construcción es más sencilla, se hace más rápida y eficiente, y tiene menos desperdicio en relación a una pared normal. No necesita mano experta o de albañiles con años de trabajo, con pocas horas de capacitación podés levantar las paredes de una casa”, enumera. “No hay registro de quién lo ha inventado, pero vendría de Ecuador o Colombia. Esperamos que aquí se pueda insertar en el mercado, además de desarrollar su fin social”.
Para contribuir a la difusión del producto y sus cualidades (“los ladrillos tienen eficiencia energética y termoacústica y para producirlo no se usan combustibles vegetales”) Gea Eco Construcciones tiene previsto hacer donaciones a escuelas técnicas de la ciudad. “Estoy seguro de que somos los primeros y luego van a venir muchos más”, afirma, con certeza y esperanza.