Amor y protección

La idea de una religiosa que es un fenómeno mundial

Desde 2010, Argentina es el único país en América latina que lleva adelante este tipo de actividad.

Domingo 18 de Marzo de 2018

El programa por el que llegó la familia de Brisa a la Unidad 31 de Ezeiza se llama Huellas de Esperanza y se basa en un particular método de trabajo de una monja de Estados Unidos.

Huellas de esperanza es un programa que se lleva a cabo en cárceles federales y que tomó la idea de trabajar con perros de servicio adiestrados por personas privadas de la libertad en base a la experiencia de la religiosa estadounidense Pauline Quinn.

Actualmente y desde 2010, Argentina es el único país en América latina que lleva adelante este tipo de actividad.

Los perros pueden abrir y cerrar puertas, cajones y heladeras; alcanzar y levantar objetos del suelo; y prender y apagar luces e interruptores, entre otras cosas.

Cuentan con su respectivo pedigree, están castrados y contienen un chip para su reconocimiento en caso de extravío.

La instructora Sofía García aseguró que en el país donde comenzó todo se enteró de "clases en universidades donde hay siete perros de servicio en el mismo salón" y aseguró que hoy en día "casi no existen cárceles en Estados Unidos que no tengan el programa de ella (Pauline Quinn)".

"El programa en Argentina depende del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación. Un perro de servicio entrenado de manera particular puede llegar a costar alrededor de 40 mil dólares", detalló. Los perros se entregan en calidad de comodato, gratis.

Sofía es instructora hace 13 años y está en Huellas de Esperanza desde hace cuatro. "Empecé adiestrando perros para deporte, algo que sigo haciendo, y después comencé a tomar seminarios y capacitaciones específicos. El curso que hice en la Universidad de Buenos Aires dura dos años y es un requisito para estar en Huellas", explicó la joven.

A ello, agregó: "Eso es una base. Después, uno se especializa en perros de deporte, de seguridad, de detección de bombas o lo que sea. Y también, en perros de servicio".

Si bien comenzó estudiando veterinaria, aseguró que no le gustó y que gracias a un perro revoltoso que tenía incursionó en agility, un deporte en donde un guía entrena a su perro para que esquive una serie de obstáculos en una pista. Luego de eso, llegó el turno de ser instructora.

"No cambio mi trabajo por nada del mundo", dijo, muy segura.

Derivados

Según detalló Sofía, el término global de los perros que se pueden ver en cualquier espacio es "perros de asistencia". Dentro de este grupo hay canes que ayudan a distintas personas con diferentes patologías y discapacidades.

"Los perros de servicio, como Paz, asisten cuestiones físicas. Si se cae algo, ella lo alcanza, si hay que abrir una puerta, ella la abre", contó.

También existen los llamados "perros señal" que ayudan a personas que padecen disminución auditiva: "Si, por ejemplo, suena el timbre de la casa, el perro busca a la persona y la lleva hasta la fuente de donde proviene el sonido".

Aparte de ellos y de los lazarillos, tal vez los más conocidos por ayudar a las personas con discapacidad visual, existen los "perros de anclaje" que acompañan a personas con trastornos generalizados del desarrollo (conocido como autismo) y hasta perros que detectan ataques de epilepsia.

Según contó la instructora, entre 20 minutos y una hora antes de que la persona sufra convulsiones el perro percibe y marca el hecho para que la misma persona se prepare o tome alguna medicación. También, hay perros que detectan diabetes.


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