El Covid no solo ha prosternado a la humanidad y puesto en acción como nunca antes a la evolución científica y a los servicios de salud de todo el mundo sino que además parece estar buscando una morada permanente entre los seres humanos.

El Covid no solo ha prosternado a la humanidad y puesto en acción como nunca antes a la evolución científica y a los servicios de salud de todo el mundo sino que además parece estar buscando una morada permanente entre los seres humanos.
La variante Omicron, aparentemente menos grave que otras variantes y muchos más trasmisible, puede ser una de las formas elegidas por este virus para seguir infectando con facilidad a cada vez a más personas, procurándose así una estancia definitiva.
Su comportamiento expresa un gran potencial infectivo, secundario a un importante salto evolutivo. Es más eficiente que otras variantes a la hora de infectar las células de la mucosa de la vía respiratoria, ello le permite maximizar el contagio interhumano haciéndolo cuatro veces más transmisible que Delta.
Existe cierta evidencia que sugiere una menor gravedad de la enfermedad si es causada por Ómicron, comparando con versiones anteriores del coronavirus, particularmente Delta. Los pacientes presentan formas leves caracterizadas por resfriado, debido a lo cual asisten menos al hospital, y tienen menos chances de requerir oxigeno e internación en las terapias. La nueva variante disminuye entre el 40% y 75% las posibilidades de internación con respecto a Delta.
Si bien esta información es aparentemente alentadora y puede estar indicando un mejor pronóstico aun existe un alto grado de incertidumbre sobre el futuro de Ómicron.
Los datos disponibles son iniciales y procedentes de países en donde la media de edad de los pacientes ha sido más bien joven (Sudáfrica). Hay interrogantes sobre cómo se comportará el virus en otras partes del mundo, entre otros grupos etarios y entre pacientes inmunocomprometidos. Habrá que esperar estudios concluyentes sobre las características clínicas de esta nueva mutación en un universo más amplio. Esto recién comienza y podría cambiar más adelante. Las tasas de hospitalización podrían aumentar a medida que las infecciones se trasladen a grupos de mayor edad o afecten a mucha gente.
Además de la inmunidad conferida por las vacunas e infecciones previas, existen diferencias constitutivas entre los linajes Delta y Omicron que podrían explicar el porque de la menor severidad del segundo.
El crecimiento salvaje y descontrolado del virus se dio en una población sudafricana pobremente vacunada y con gran prevalencia de pacientes convivientes con VIH, mayormente jóvenes. La variante Omicron probablemente adquirió alguna de sus mutaciones al recoger un fragmento de material genético de otro virus, posiblemente desde el virus del resfriado común para lo cual ambos debieron haber estado presentes en un mismo individuo.
Para abonar esta hipótesis se postula como presunto origen de Ómicron a un paciente inmunocomprometido (con vulnerabilidad a las infecciones) cursando una forma prolongada de Covid y coinfectado con Sars Cov 2 y otro virus. Una reciente investigación agrega "luces" al reconocer una mutación clave de Ómicron en la proteína pico o espiga como parte constitutiva de uno de los coronavirus del resfriado común.
Esta adquisición, no encontrada en ninguna variante anterior podría certificar un intercambio genético con el coronavirus estacional denominado recombinación. La genética recibida desde la especie “estacional” y que ayudó a gestar la novel variante de preocupación quizás le otorgó condiciones de más transmisibilidad y menor virulencia. Al poseer ahora un fragmento genético ancestral y conocido previamente por el ser humano, tal vez se esté facilitando la labor del sistema inmune celular, generándose así una enfermedad más leve y las condiciones necesarias para que Omicron persista como cepa endémica.
Esta variante tiene 32 cambios en su proteína pico en relación al virus original (Wuhan- hu-1). Este sector tan modificado le permite ostentar una capacidad única para eludir las defensas proporcionadas por las vacunas actualmente disponibles y las infecciones Covid previas. No obstante esta limitación general se ha revelando recientemente que las defensas contra Omicron se promueven con la tercera dosis de los inmunizantes, hoy por hoy considerada esencial para controlar su expansión.
Diversas teorías intentan explicar como será el final de la pandemia. Destacados referentes afirman que no se podrá erradicar al Sars Cov 2 y que se ubicará como un coronavirus más como sus predecesores estacionales que han estado circulando y ocasionando resfriados desde hace muchísimos años.
La reciente investigación que demostró en Ómicron un trocito de genoma de un coronavirus estacional, parece ir de la mano de esta expectativa y ser el esbozo de un virus intentando domesticarse para persistir entre nosotros.
No obstante debería ser cauteloso cualquier presagio sobre el final de la pandemia. Hasta ahora este virus ha evolucionado mucho más rápido que los coronavirus estacionales e incluso que sus linajes anteriores y viene dando saltos genéticos sorprendentes, siempre en pos de una mayor transmisibilidad y de burlar las defensas del huésped.
Estas mutaciones, esquivas a ser anticipadas por la ciencia, han sido ayudadas por la falta de vacunación entre países pobres y grupos anti vacunas no tan minoritarios. La humanidad no debería menoscabar a Ómicron en función de su aparente menor riesgo de enfermedad grave y letalidad.
Una rápida propagación del mismo podría sobrecargar peligrosamente los sistemas de salud y fragmentar la atención por afectación de numerosos trabajadores sanitarios.Es preciso recordar por estos días que un pequeño porcentaje de complicaciones previstas con Ómicron pueden igualmente transformarse en una gran cantidad de problemas si el número absoluto de los casos aumentará descontroladamente.
La pandemia no terminó y continúa intimidante.



Por Facundo Borrego
Por María Laura Cicerchia