La historia de la barbería Adiós Nonino parece de película. Dos barberos rosarinos que trabajaban en una peluquería del barrio del Abasto descubrieron en su berretín por el tango -entre otros géneros musicales que les gustan más todavía, como el rock y el heave metal- que compartían una extraña coincidencia: ambos tuvieron abuelos maternos bandoneonistas. Increíble pero real, Fabricio Mauro, de 31 años y oriundo del barrio Cura, y Santiago Blanco, de 26, del barrio Belgrano, tenían nonos bandoneonistas: don Enzo Bandín, que llegó a grabar con la orquesta típica La Juventud, y Santos Dómina, quien tocaba todos los domingos para su familia “hasta que se quedaba tocando solo”, recuerda Blanco.
“A los nueve años, a mi abuelo el padre le dijo: estudiás o aprendés música. Y mi abuelo eligió el bandoneón, así que estudió sólo hasta cuarto grado”, confía Mauro.
-¿Cómo surgió esta idea de armar un encuentro de grupos de tango?
-Nace cuando empezamos a ver la idea de mezclar distintos géneros musicales a partir del tango, que es lo que más tenemos en común porque nuestros dos abuelos maternos fueron bandoneonistas. Más allá de ser amantes de la música, el tango tiene esa posibilidad de demostrar el afecto. Nos conocimos en nuestro anterior trabajo en una barbería, donde nos hicimos amigos y una noche nos juntamos a comer y, entre copas, surgieron todas estas coincidencias.
-¿Adiós Nonino se explica solo?
-La referencia a Astor (Piazzola), que fue el distinto del tango, nos distingue más que por el corte (de cabello) por darles a los músicos la posibilidad de cantar y de reversionar tangos, como el grupo rosarino Terra, que hace una versión de “Por una cabeza” con ritmo de rock. En nuestra ciudad hay muchos grupos under que tienen mucho talento para mostrar.
-¿En qué consiste el encuentro que organizan?
-La idea es hacer un ciclo de entre 10 y 15 sesiones con 10 ó 15 bandas, que presenten una reversión de un tango. Ya tocaron Furacero y Terra, dos grupos rosarinos, en la Casa Barik, una sala de ensayo del director teatral Germán Lucatti. Vamos a hacerlo en algún sitio emblemático de Rosario, una ciudad que tiene lugares increíbles. La idea es acercar el tango a las generaciones más jóvenes y acortar esta distancia que a veces tiene con la gente de nuestra edad o más chica aún.
-¿A los nonos les gustaba Piazzola?
-Al mío, sí. De hecho llegó a grabar con la orquesta típica La Juventud (Mauro).
-Al mío, no. Era más tradicional (Blanco).
-¿Por qué ese berretín con el tango?
-El tango es una melancolía que se baila, hay gente que no lo quiere por eso o porque dice que es un bajón, pero si bien me gustan más otros géneros como el rock o el heave metal, el tango tiene la magia y la belleza de los afectos. Lo bueno del tango es que te transmite emociones, como Almafuerte o Pantera. El tango es mi abuelo tocando el bandoneón los domingos, al que me habría gustado tenerlo a esta edad porque podría haberlo disfrutado. El tango es mi abuelo cantando mientras se afeitaba en el baño y afilaba la navaja una hora en un cinturón gastado. El bandoneón tiene un sonido muy ronco, como mi abuelo Santos, que hablando era un «Rastrojero»