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Porno gastronómico: provocación, erotismo y supervivencia

No sin excesos y hasta como una señal de vida, la pandemia generó una exploración masiva del Food Styling

Jueves 18 de Febrero de 2021

El experto en comunicación social Jesús Martín-Barbero se lamentaba sobre el abandono de antiguos espacios de encuentro, como una simple plaza, en favor de otros, como las comunidades virtuales. Claro que el profesor español, colombiano por adopción, ponía las causas en la inseguridad y la impersonalización de las grandes ciudades, aunque quizás su pena pueda también extenderse a la falta de los vínculos físicos, aquellos que la pandemia prácticamente suspendió. Como una metáfora desproporcionada de aquella observación, confinados a sus compartimentos privados y con las redes sociales como propaladora, los aislados confirmaron una tendencia que, atravesada por algo tan natural como comer, se convirtió, según algunos expertos, en un hábito a primera vista inocente pero de una enorme muestra de vitalidad: fotografiar y publicitar sus ingestas.

Aparece relacionado a esas prácticas el concepto de pornofood o pornocomida que, acuñado en 1984 en el libro “Female Desire”, la escritora Rosalin Coward lleva al límite del “servilismo”, cuando alguien cocina y se preocupa además por la presentación de su plato. Su crítica se posa sobre la supuesta aspiración a la perfección icónica del resultado final subsumiendo así el proceso de preparación. Con las cámaras de los celulares como principal aliada, esas pinturas dejaron los libros de cocina y atiborraron los grupos familiares y de amigos en las redes sociales.

En dirección al cambio de siglo, el pornofood se sacudió su génesis adulatoria y se convirtió en una tendencia que fundó una nueva profesión, el food styling o el estilismo de alimentos, que busca componer una imagen “bella y provocativa” suponiendo que la comida, “en primera instancia, va a entrar por los ojos”, y que el sentido de la vista “es el principal gestor de nuestros consumos”. Para la fotógrafa venezolana Andrea Salerno Jácome, con más de diez años de residencia en Rosario y en el momento del contacto periodístico en Dubai (Emiratos Árabes Unidos), “cuando trabajamos estilismo en alimentos buscamos generar emociones, llevarlo al punto de la tentación, que está estrechamente ligado a lo erótico, más allá del alimento que fotografiamos”.

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Los food stylers dedicaron entonces sus esfuerzos a la fotografía y el cine comercial, sectores que requirieron de gran especialización técnica y un alto grado de creatividad artística, con derivaciones escenográficas y escultóricas. Para poner el fenómeno en cifras, sólo en Instagram hay 246 millones de publicaciones con el hashtag #foodporn. “Con Instagran más que una explosión del campo laboral fue una exploración masiva y una naturalización masiva de las actuales estéticas de la comida”. De allí que la fotógrafa también diferencie los proyectos profesionales de la vida cotidiana, aunque reconoce que Instagram acabó posicionando esa práctica, pero también “nuestro trabajo”.

Según Salerno Jácome, el foodporn o el estilismo gastronómico se masificó desde 2010 “con el boom de Instagram”, red social que “se convirtió en un podio exhibidor de lo que la gente comía”. Ese fenómeno tecnocultural “trajo como consecuencia un manejo estético por parte de quienes cocinan”, que ahora le prestan más atención “a lo visual”.

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El chef rosarino Damián Delorenzi remite a uno de sus maestros. “La comida entra por los ojos”, decía el Gato Dumas, “pero la foto es una cosa y el plato es otra”. Quizás siguiendo esa matriz, el conductor del programa de televisión “Pasión por las brasas” (Canal 3) no tiene fotos de sus platos en su menú, pero sí los muestra a sus seguidores en sus redes sociales. Con una sorpresiva excepción: las fotos están adentro de la cocina, para que el plato salga siempre igual. “Más allá de los sabores, es importante que el plato se vea igual y el fotógrafo es fundamental en la estandarización de un cocinero”, explica Delorenzi sin olvidar que muchas veces “detrás de esa presentación hay un proceso enorme” de producción gastronómica.

Desmesura y reconexión alimentaria

Por su parte, el periodista especializado en gastronomía (radios Universidad y M90) Diego Añaños hace referencia a la “pornogastronomía”, lo hace “entendiendo al porno como desmesura” y explica: “En el porno hay eyaculaciones gigantes, gritos exagerados, erecciones eternas, y para sociedades como las nuestras, la comida también puede tener ese perfil excesivo”. Aclara que le gusta “la comida en general pero más el ritual de la comida” y que por eso no habla de “grandes cantidades sino de combinaciones”.

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Sandwich de pan de semillas, morcilla, cebolla salteada, queso crema de guacamole, mayoliva, chispas de queso azul y jalapeños. (Facebook /Diego Añaños)

Sandwich de pan de semillas, morcilla, cebolla salteada, queso crema de guacamole, mayoliva, chispas de queso azul y jalapeños. (Facebook /Diego Añaños)

Pareciera que, según el licenciado en Ciencia Política y docente de la Universidad Nacional de Rosario, la intimidad generada por el encierro de la pandemia ha potenciado los comportamientos desproporcionados: “Ocultos en sus casas no me cabe duda que muchos habrán hechos combinaciones poco comunes” con “lo que había en la heladera”, y menciona “exquisiteces” como “banana a la vinagreta, queso roquefort con dulce de leche, o milanesas con fideos al pesto”.

Quizás sin la desmesura que propone Añaños, Salerno Jácome cree que la pandemia, con las idas y vueltas a las cuarentenas y los aislamientos, supuso una reconexión de la gente con el alimento. Hubo, ejemplifica, “una onda expansiva de elaboración de masa madre a nivel mundial. La gente tuvo más tiempo para cocinar y hacer cosas que llevan mucho tiempo”.

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"Cuando cocinás te metés adentro de otro", asegura el chef rosarino Damián Delorenzi. (Facebook / Damián Delorenzi cocinero)

Coincide con la fotógrafa el chef Delorenzi: “La gente que nunca cocinaba se puso a cocinar o a hacer pizza, pan, tortas, cosas con harina como actividad para compartir con sus hijos. En la pandemia mucha gente empezó a cocinar para comer, pero también para mostrar lo que estaba haciendo”.

La food styler además describe: “La pandemia nos reconectó a todos con el enorme placer de comer”, situación que “a su vez supuso una sustitución, en algunos casos de manera breve o momentánea, de otros territorios más eróticos”. Y afirma: “La comida siempre ha estado muy relacionada con lo erótico, y es muy sencillo que eso pase a ser pornográfico, ya que tiene que ver con lo visual, como el mismo porno”.

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Grabar(se), exhibir(se) y divertir(se)

Consultado sobre el auge del comportamiento de enviar fotografías o videos de comida o comiendo a las redes sociales durante la epidemia, Añaños cree que la misma arista “grotesca” del porno se observa en ese exacerbado hábito, ya que como en el porno, grabarse y mostrar es “una forma de exhibicionismo” típica del porno y de quién publicita sus ingestas. De todos modos va un poco más allá. En el transcurso del encierro y para mantener el vínculo con su entorno, “seguramente muchos mostraban lo que estaban haciendo, y como no se animan a mostrarse garchando lo hacen comiendo”.

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"Feliz domingo". (Whatsapp / Parrillero F.C. / Francisco Ignacio)

Añaños llama la atención sobre “las millones de cosas para ver” que hay en los sites porno y pone a esa diversidad en relación a los consumos gastronómicos, por ejemplo, el de vinos. “El porno y el vino han crecido enormemente en su oferta. Tenés de todo y para todos los gustos. El número de taggs es gigantesco”. Así, los mercados del porno y el vitivinícola ofrecen “tantas respuestas como consumidores haya”.

“La comida genera un placer visual como genera el sexo”, dispara Delorenzi e imagina a una joven Meg Ryan finguiendo un orgasmo en una cafetería en “Cuando Harry conoció a Sally” (1989). Y si bien ofrece comida afrodisíaca para el Día de los Enamorados, con ingredientes exóticos, como el mango y frutos secos, cree que el rito de comer, “el aperitivo, la comida, todo genera disfrute. Eso lo viví desde chico y me impulsó a querer ser cocinero, porque cuando cocinás te metés adentro de otro. Si te invito a comer, me meto adentro tuyo”.

Meg Ryan's fake orgasm from "When Harry Met Sally"

Finalmente Añaños se refiere a una dimensión ineludible del ser humano y de las prácticas mencionadas. “Tanto en el sexo y el porno y en la comida hay ceremonia, pasos a seguir en pos de un objetivo”, el encuentro, la saciedad y el goce, “pero me gusta rescatar la dimensión lúdica de la cuestión. Esto es jugar, divertirse. En la cama o donde sea, y en la cocina hay que divertirse un poco más. Está bien comer, porque hace bien y es necesario, pero podemos divertirnos también”.

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