Renzo saluda solemne a sus fieles. Vestido con una túnica blanca, gorro y una gran cruz en el cuello, mueve sus manos y deja escapar una sonrisa desde lo alto de una camioneta. Así recorre las siete cuadras que separan la plaza Moreno de su colegio. Sus compañeros, también disfrazados, aplauden y celebran las ocurrencias de ese Papa Francisco improvisado para los festejos por el Día del Bachiller. Fue el 5 de septiembre, hace sólo 25 días.
Es uno de los recuerdos más nítidos que tiene Eleonora sobre Renzo Casali, el chico platense de 18 años que murió atropellado en Mendoza durante su viaje de egresados. En la puerta de un boliche, un Renault 18 pasó a toda velocidad y se llevó su vida delante de sus compañeros.
Eleonora no pudo viajar. Sin embargo hoy, abrazada a sus compañeros de séptimo nivel del Bachillerato de Bellas Artes, sabe que es mejor guardar el recuerdo de su amigo entre risas, aquella tarde en que jugó a ser el líder espiritual de toda su división.
Lo era. O por lo menos eso cree Carina, su profesora de literatura. "Siempre fue un líder, pero de esos positivos, que suman. Ante cualquier actividad, dentro o fuera de la escuela, él era siempre el que daba el primer paso", cuentala mujer, mientras se aleja con lágrimas secas del edificio "Noche de los Lápices" de la Universidad Nacional de La Plata. Allí funciona el bachillerato que estará cerrado por duelo los próximos días, pero que sirve como refugio para los compañeros de Renzo. "Lo importante es que estén ahí, juntos, para contenerse entre todos", dice la docente al diario La Nación.
Durante toda la mañana, compañeros y amigos de Renzo caminan por los pasillos, se juntan en pequeños grupos e intentan buscar una explicación para algo que no tiene. Entre paredes que respiran arte, el dolor toma forma de música y comienzan a sonar temas de Charly, Pedro Aznar, Babasónicos. Es lo que escuchaba Renzo.
Las canciones parecían ser todo, pero no lo eran. Además había lugar para el resto de las materias del colegio. Tenía excelentes notas y sus maestros admiraban su iniciativa. "Viajó por todo el mundo, eso también le encantaba. En el verano había estado en Nueva Zelanda", recuerda Eleonora.
"Encima cocinaba, y muy bien." cuenta su compañera y amiga de toda la vida, y sus cachetes mojados dibujan una mínima sonrisa. Betina, su mamá, recuerda que tenía varios libros culinarios y que su especialidad eran las tortas. "Un sol, un líder, un divino desde que era así de chiquito", señala la señora. Su garganta se cierra y le impide buscar más calificativos.
"Líder", "Carismático", "Apasionado". Los conceptos se repiten en el círculo íntimo de Renzo. Dejó amigos, compañeros y canciones por donde caminó. Su voz todavía se oye en el Bellas Artes