Con una amplia sonrisa, el Papa Francisco reconoció en la audiencia general de ayer una paradoja: “La Iglesia es santa, pero está hecha de pecadores”. No hablaba en general, porque añadió, al margen del texto, que está formada “por fieles pecadores, religiosas pecadoras, obispos pecadores y Papas pecadores. ¡Todos pecadores!”.
Para dejarlo definitivamente claro, Francisco preguntó a los ochenta mil fieles que llenaban la plaza de San Pedro: “¿Alguno de ustedes está aquí sin sus pecados? ¡Ninguno de nosotros!”. La pregunta tan directa fue una sorpresa total, pero los fieles la entendieron, y la respondieron con un gran aplauso.
El Papa quería explicar que, a pesar de tantos fallos personales, la Iglesia es santa porque forma parte del Cuerpo de Cristo y porque invita a la santidad a todos, especialmente a los pecadores. Es cierto que “a lo largo de la historia ha habido la tentación de algunos que decían: la Iglesia es sólo de los puros, los demás hay que alejarlos. ¡No! La Iglesia no rechaza a los pecadores: al contrario, los acoge, está abierta a los más alejados, llama a todos a dejarse envolver por la misericordia, la ternura y el perdón del Padre”, afirmó con vehemencia.
El Santo Padre añadió que “la Iglesia nos ofrece a todos la posibilidad de recorrer el camino de la santidad, que es el camino de los cristianos”. Es la vocación de todos, y lo repitió con fuerza: “No tengamos miedo a ser santos. Todos estamos llamados a la santidad, que no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en dejar que Dios obre en nuestras vidas con su Espíritu”.
“Cristo amó a la Iglesia y dio su vida por ella, para hacerla santa”, dijo el Papa argentino y se refirió a los interrogantes que surgen cuando se piensa en las “dificultades, problemas y momentos oscuros” que atravesó la Iglesia a lo largo de los siglos.
Rechazó la postura de aquellos que a lo largo de la historia afirmaron que “la Iglesia es solo la Iglesia de los puros, de aquellos que son totalmente coherentes, y que el resto deben ser alejados”. “¡Esto no es verdad! Esto es una herejía. La Iglesia no nos rechaza. No rechaza porque llama a todos: acoge, está abierta también a los más lejanos. Llama a todo el mundo a dejarse envolver por la misericordia, por la ternura y la generosidad y el perdón del padre”, afirmó.
Antes de la audiencia dedicó cuarenta minutos a recorrer los pasillos de la plaza en el papamóvil para que todos pudiesen verlo de cerca. Besó a docenas de niños y saludó con gestos personales e incluso dando la mano a miles de peregrinos.


























