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Hace 80 años el aviador santafesino Arfinetti unía el país por aire

En 1932 Juan Arfinetti, piloto de Cañada de Gómez y Rosario, ganó el Raid de las 14 Provincias. El hito estuvo ligado a la vida (y muerte) de la actriz Myriam Stefford y su esposo Barón Biza.

Domingo 02 de Septiembre de 2012

La fatalidad arrebató la vida de una joven actriz de la época y operó como un designio para que un piloto de Cañada de Gómez, con residencia alternativa en Rosario, plasmara uno de los hitos de la aviación argentina.

   En la semana se cumplieron 80 años del Raid de las 14 Provincias ganado por el aviador Juan Arfinetti, en los inicios de la locomoción aérea en el país.

   La historia que desencadenó el logro del a la postre fundador del aeroclub Cañada de Gómez tiene los condimentos que harían insuperable cualquier novela televisiva actual y fue escrita por una extravagante pareja de Capital Federal.

   En los albores de 1930 la relación matrimonial entre el excéntrico millonario Raúl Barón Biza y la actriz nacida en Suiza Myriam Stefford trascendía los límites de Buenos Aires por sus rarezas.

   El escritor pornógrafo y político radical de vida truculenta y Rosa Margarita Rossi Hoffmann (el verdadero nombre de ella) se habían enamorado en Viena en 1925, casado en Venecia y radicado breve tiempo en París. En Europa disfrutaron de los balnearios, los cocktails y las pistas de esquí. Dieron el “sí” en la italiana Basílica de San Marcos el 28 de agosto de 1930.

   Una vez en las pampas argentinas, el magnate local con veleidades de escritor y la veinteañera actriz que atraía las miradas siguieron con sus excesos. Unieron Río de Janeiro con Buenos Aires en una avioneta propia, incursión que despertó en Stefford el encanto por la aviación. Myriam era una apasionada del deporte: había practicado patín, natación, equitación y esquí.

   Barón Biza le compró un avión a su amada y contrató un piloto alemán que había participado de la Primera Guerra Mundial para que la instruyera en el manejo: Luis Fuchs.

   En lo que dura un suspiro, la intrépida joven aprendió a conducir aviones, consiguió el brevet de piloto de tercera categoría y logró que la Dirección de Aeronáutica Civil le otorgara un salvoconducto para realizar una riesgosa travesía aérea. El raid celestial tenía la pretensión de unir las capitales de las 14 provincias que entonces conformaban la Argentina.

   Stefford y Barón Biza partieron desde Buenos Aires en el avión Chingolo y tras un par de aterrizajes de emergencia en Santiago del Estero y Jujuy, él desertó de la aventura. Ella decidió continuar con el plan de vuelo en compañía de Fuchs.

   A las 7 de la mañana del 26 de agosto de 1931, Stefford decoló en La Rioja rumbo a San Juan, donde la esperaban con un banquete. Pero a 26 kilómetros de la capital sanjuanina, en el polvoriento paraje de Marayes, el frágil avión biplaza piloteado por la “mujer pájaro” se clavó de punta desde 150 metros de altura. Stteford y Fuchs estaban en la etapa final del recorrido cuando murieron.

   En homenaje a su amada desaparecida, Barón Biza enterró el motor del avión en el lugar del accidente, y a metros de su estancia Los Cerrillos (rebautizada Myriam Stefford), a la vera de la ruta 5 entre Alta Gracia y Córdoba, mandó construir el sepulcro más imponente de Argentina donde descansan los restos de la mujer.

   Barón Biza propuso perpetuar el nombre su esposa a través de un premio de 20.000 pesos para el primero que lograra completar el Raid de las 14 Provincias. La prueba se largaría todos los 26 de agosto, fecha del accidente fatal.

   La competencia se efectuó sólo en 1932, porque el gobierno del militar Agustín P Justo la prohibió en los años sucesivos: la ganó el piloto cañadense y representante del Círculo de la Aviación de Rosario, Arfinetti.

Esa época. Escaso material se puede rescatar en Internet de lo que fue uno de los mayores hitos de la aviación argentina. El archivo histórico del diario La Capital confirma la cobertura del suceso: nota a seis columnas, cabeza de página y tres fotos de ilustración.

   Wikipedia, que como el Aleph concentra la historia del mundo, no tiene registro de Arfinetti y su victoria del 29 de agosto de 1932, seguramente porque ningún descendiente, vecino de Cañada o historiador se encargó de enviar a la enciclopedia digital los datos.

   Había que ser arriesgado, casi un sujeto temerario, para subirse a un avión en aquella época. Los motores que llegaban a Argentina no ofrecían garantías; las alas de las máquinas eran de tela encerada y no de metal; las emanaciones de gas y humo producidas por el aceite de ricino (no había refinamiento en lubricantes) provocaban descomposturas en los tripulantes. No existían los pronósticos meteorológicos, las pistas de aterrizaje, los cataventos y las hojas de rutas.

   La proeza de Arfinetti consistió en completar el raid en cuatro días, sacándole un día de ventaja al segundo, Humberto Elliff, quien un año más tarde se mataría junto a su avión. Arfinetti lo hizo restándole horas a su descanso nocturno, deteniéndose casi exclusivamente para cargar combustible.

   El aviador cañadense llegó a Morón, Buenos Aires, a las 12,20 del 29 de agosto y según consigna, La Capital, el piloto dijo que hubiese podido arribar tres horas antes de no haber perdido ese tiempo en Oliva en poner el motor en marcha.

   Las leyendas relatan inconvenientes de ese tenor en esos años: para arrancar el motor sin ayuda, los aviadores debían amarrar la nave para que no se mueva. También que como demostración del cumplimiento del recorrido, el acompañante de los pilotos (que solía ser un mecánico) debía tomar desde lo alto una fotografía de la estación del ferrocarril de cada ciudad cabecera.

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