El Mundo

Una guerra no declarada que va ganando Teherán

Washington le presentó a los saudíes su inteligencia que avala lo que dice desde el sábado: los misiles y drones vinieron desde el Norte, no desde el Sur.

Martes 17 de Septiembre de 2019

Washington le presentó a los saudíes su inteligencia que avala lo que dice desde el sábado: los misiles y drones vinieron desde el Norte, no desde el Sur. Las instalaciones fueron atacadas en su cara Norte, no en la Sur. Arabia Saudita respondió ayer con un pedido de investigación a la ONU. Una manera de decir que por ahora no atacará, o no lo hará frontalmente. La guerra por terceros o con bombardeos sin "firma" que se inició este año en el Golfo continuará. Por ahora, es claro que Irán la va ganando, y por goleada. El devastador ataque del sábado es una humillación para el reino saudí, que ostenta status de gran potencia árabe. Cualquier gesto concesivo les podría costar al rey y a su hijo el príncipe heredero la peor imagen en la "calle árabe": la de blandos ante los iraníes. Por otro lado, el ataque demostró que el corazón del poder económico saudí es extremadamente vulnerable. Una sola ronda de misiles o drones (19 impactos) dejó al reino sin 5,7 millones de barriles sobre 9,8 millones de producción diaria. Y nadie puede decir que no estaban sobre aviso: la guerra con los hutíes de Yemen comenzó en 2015 y los ataques misteriosos en el Golfo de presunto origen iraní se remontan al menos al 1º de mayo pasado. Ese día 4 petroleros fueron atacados frente a la terminal saudí de Fujairijah. Los ataques sin firma a petroleros y terminales han continuado desde entonces.

En cuanto a EEUU, no tiene "resto" social ni político para embarcarse en otra guerra en Medio Oriente luego de las de Irak y Afganistán. La primera derivó en que Irak es hoy y desde hace muchos años un país dominado por Irán, no por Estados Unidos. Este dato, poco conocido, revela el monumental error estratégico de Bush y sus "neocons". Trump sabe, como buen populista, que el estadounidense no quiere ver más soldados propios muertos en el desierto. En Irak murieron más de 4.500 y se gastó un billón (sic) de dólares. Todo, para regalarle el país al archienemigo de enfrente. Pero tanto Trump como la monarquía saudí se hallan ante un dilema de hierro: su imagen internacional comienza a perder filo, "deterrence". En el caso de Trump, van dos veces que dice en Twitter que ante Irán está "locked and loaded" (cargado y asegurado, expresión popular tomada del manejo de armas de fuego). Trump buscó confrontar: sacó a EEUU del tratado nuclear con Irán en 2018 y luego lo sancionó con extrema dureza. Del otro lado está el expansionismo de Irán. Irak, por directa influencia iraní, concedió estatus estatal a las milicias shiítas, entrenadas por Teherán. Irak es zona de paso hacia Siria, aliada clave de Irán y también de Rusia. De una de esas milicias iraquíes pudo partir el ataque, dice la inteligencia estadounidense. O directamente desde Irán. Parece factible. Como sea, cuando un general de la Guardia Revolucionaria amenazó a la flota de EEUU tal vez no estuviera bluffeando tanto. Los saudíes pueden dar fe. Y los enormes portaaviones de la US Navy son blancos fáciles, como demuestran los ejercicios navales. Un portaaviones yanki que arde en el Mar Arábigo golpeado por misiles iraníes sería una imagen tan traumática y potente como las del 11-S.

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