Educación

Un pensamiento para romper con el reproductivismo pedagógico

Gustavo Brufman afirma que el pedagogo nacido en Caracas "ha sido un adelantado a su propia época".

Sábado 26 de Octubre de 2019

Docente universitario y director del Centro de Estudio, Investigación y Documentación Educativa (Ceide) "Simón Rodríguez" (Facultad de Humanidades de la UNR), Gustavo Brufman afirma que el pedagogo nacido en Caracas "ha sido un adelantado a su propia época".

"En ciencias de la educación lo estudiamos en paralelo con Sarmiento, que hablaba de educar al soberano para lograr la afirmación del concepto de ciudadanía. Pero en Sarmiento había sujeto político en la medida que estaba escolarizado, y en Simón Rodríguez ya había sujeto político mucho antes de su escolarización, porque no planteaba la igualdad como punto de llegada, sino que partía del concepto de igualdad", destaca Brufman.

Explica que para Simón Rodríguez "una perspectiva emancipadora tenía que ver básicamente con la pluralidad de voces, desde esa noción de igualdad y la diversidad étnica". Una perspectiva que —agrega— "ya se planteaba como intercultural".

Para el docente de la UNR no cabe dudas que el legado de Simón Rodríguez tiene vigencia en la actualidad, lo que explica que muchos docentes y estudiantes se hayan volcado a estudiarlo, aunque aclara que para ello debe hacerse "contextualizadamente", para evitar la mera repetición o reproducción de su pensamiento: "El mismo decía eso de no ser loros que repitan, sino de adoptar y adaptar al contexto y a los nuevos tiempos y épocas, y a los sujetos concretos con los que nos encontramos. Por eso él hablaba de "o inventamos o erramos", rompiendo con el reproductivismo pedagógico".

Soberanía cognitiva

"Una educación emancipadora —dice Brufman— es entender que la pedagogía fue capturada por un neopositivismo, que viene escondido y solapado en eso que normalmente se da en llamar gerenciamiento educativo, que nos viene hablando de calidad de la educación, pero como medida y expresión de los estándares internacionales. Que en realidad tiene que ver con las políticas del sometimiento y la mercantilización de la vida. E incluso de los propios conocimientos que nosotros producimos. Por eso pensar que las infancias no son solo etapas biológicas del desarrollo humano, sino que son también construcciones socioafectivas, culturales e históricas de un tiempo y un espacio concreto, que implica apelar a lo propio, a lo particular, a los modos de aprender de nuestras comunidades educativas. Justamente allí reside, básicamente, una idea de soberanía cognitiva, porque no hay verdadera soberanía cognitiva sin justicia cognitiva. Y eso implica atender a la diversidad, pero también a las condiciones de desigualdad en las que estamos produciendo aprendizajes. Allí hay que encontrar las claves de una mirada rodrigueana para estos tiempos de la educación".

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