Miradas

Pedagogía de la competitividad

La escena dura dos minutos y veinte segundos. Héctor, el director la escuela secundaria de elite, abre la clase con una palabra que arroja al aire con la potencia de una puñalada: competitividad.

Sábado 01 de Junio de 2019

La escena dura dos minutos y veinte segundos. Héctor, el director la escuela secundaria de elite, abre la clase con una palabra que arroja al aire con la potencia de una puñalada: competitividad. Es la primera jornada del ciclo lectivo y "competitividad" es la única palabra escrita en el pizarrón. Y dice: "Esa es la idea que quiero inculcar a partir de este curso". Les dice a los alumnos que vienen de "las mejores familias del país", que están en el mejor colegio. Y que por eso tienen la obligación de convertirse en líderes, en triunfadores, en los mejores.

A partir de allí, empieza el ida y vuelta con los alumnos. "En esta vida se es un number one o un perdedor", dice uno. El profesor asiente. Otra chica cuestiona que no todo es tan sencillo, sobre todo para quienes están esa institución por una beca. "Razón de más para que seas competitiva". La incita a llegar lejos con buenas relaciones y la remata: "El fin justifica los medios, ese es el espíritu de este colegio".

El discurso pega. Apunta al proyecto individual, al triunfo como norte de toda acción. Pero también a preparar a esa elite para la jungla del mercado. Y a la búsqueda de un camino exitoso por el mero esfuerzo personal, descontextualizado del punto de arranque. Al corazón de la tan remanida meritocracia, una perspectiva que ganó terreno en los últimos años y que, al decir de la pedagoga Adriana Puiggrós, es profundamente "selectiva y antipopular".

En una entrevista con este diario en 2016, Puiggrós sostuvo que educar con una idea de meritocracia es educar para la competencia, entendiendo así a la educación como una carrera que tiene como meta obtener ese producto al que acceden unos pocos. "Eso te dibuja un sistema educativo piramidal, donde llegan quienes consigan pasar los obstáculos que tengan en el camino, entre ellos exámenes excluyentes y discriminadores", dijo la pedagoga.

La elite

La secuencia con el alegato de la competividad está en el primer capítulo de la primera temporada de El Internado, una serie española de 2007 disponible en la plataforma Netflix. La historia de la serie se bifurca por senderos de escapes, muertes y misterios, todo en el predio del exclusivo colegio Laguna Negra, donde Marcos y su hermanita Paula —cuyos padres desaparecieron en alta mar— ingresan en el internado bajo la tutela de su director, Héctor.

Y es precisamente el personaje de Marcos quien en esa primera clase, con cara de disgusto por el derrotero de la conversación, le para el carro al director y le dice que todo lo que dijo "es una mierda" y que él no estaba dispuesto a "estar metiendo el codo y ser un cerdo" por el simple objetivo de ser "un triunfador".

El director sonríe. Objetivo cumplido. El discurso mercantilista era solo una provocación para los alumnos y lo felicita. "Por fin una persona sensata que no traga toda esta porquería", dice el docente, ante la mirada atónita de sus estudiantes. Y completa: "El fin nunca justifica los medios. Lo que quiero no es que sean competitivos sino personas, que se comprometan y sean íntegros, leales y humanos". Primera lección del curso y las más importante, dice el educador. Bienvenidos.

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