Educación

El escolar más grande del mundo

"Sergipe, nordeste del Brasil: Paulo Freire inicia una nueva jornada de trabajo con un grupo de campesinos muy pobres, que se están alfabetizando.

Sábado 22 de Junio de 2019

"Sergipe, nordeste del Brasil: Paulo Freire inicia una nueva jornada de trabajo con un grupo de campesinos muy pobres, que se están alfabetizando.

—¿Cómo estás, João?

João calla. Estruja su sombrero. Largo silencio, y por fin dice:

—No pude dormir. Toda la noche sin pegar los ojos.

Más palabras no le salen de la boca, hasta que murmura:

—Ayer yo escribí mi nombre por primera vez".

El texto de Eduardo Galeano —tomado de su libro Los hijos de los días— no puede ser más bello para expresar lo que siente una persona adulta que comienza a transitar el mundo de la escritura, a reconocer su propio nombre, ese derecho humano que hasta ese preciso momento le había sido negado. Una realidad que golpea a quienes han sido excluidos de la educación escolar por tener que trabajar de pequeños, por ser mujer, por vivir en la pobreza extrema, y también por las guerras.

La película El Escolar o The First Grader se inscribe un poco en cada una de estas exclusiones que dejan a los seres humanos fuera de la educación más elemental. Quienes alfabetizan a las personas adultas relatan que uno de los mayores desafíos para convencer que es posible cambiar ese destino, del que muchos ya se han autoconvencido ("Ya es tarde para mí", "Para qué aprender ahora"), es ayudar a encontrar verdaderas motivaciones colectivas y personales. El primer paso a vencer será también el de recuperar la autoestima y superar la "vergüenza de no saber leer ni escribir".

Un poco de todo esto tiene la historia de Maruge, un hombre de Kenia que a los 84 años va por su derecho a apropiarse de la lectura y la escritura. Se trata de un hecho real llevado al cine y que se puede ver por internet. El colonialismo británico primero, luego la guerra de tribus (alimentadas por este mismo imperialismo), la pérdida de su familia, la condena de vivir en la más absoluta miseria (como gran parte de su pueblo) van alimentando el filme dirigido por Justin Chadwick.

Maruge se entera que en su país la educación primaria comienza a ser gratuita (2004) y se lanza a la conquista de ese derecho. Y lo hace sin importar que la educación de adultos no esté contemplada en esos planes: al llegar a la escuela, se encontrará que es un anciano entre cientos de niñas y niños pequeños, que aprenden amontonados en un aula tan pequeña como ellos. También deberá pelear con la intolerancia de los adultos, de los que descreen que pueda aprender a los 84 años, de los padres de los pequeños que no ven con buenos ojos que comparta la enseñanza con sus hijos y con la burocracia de los sistemas educativos que consideran una potencial amenaza a Maruge. "¿Si aceptamos a Maruge cómo podemos rehusarnos a otros?", se escucha preguntar a una funcionaria detrás de su escritorio.

Maruge tiene una aliada incondicional: su maestra. "¿Nunca te rindes?", le pregunta una de las tantas veces que ve al hombre esperando la oportunidad de entrar a ese primer grado. Hasta que lo logra. Tiene una meta clara, o dos: hacer valer ese derecho consagrado en su país de educación gratuita "para todos", también leer una carta, que conserva como un tesoro, y a la que quiere llegar con mirada y voz propia.

La película transcurre en Africa, pero bien podría ocurrir en cualquier parte de un continente tan desigual como es nuestra América latina.

Una crónica del diario El País ("Kimani Maruge, el escolar más viejo del mundo", del 9 de septiembre de 2009) cuenta que Maruge murió en Nairobi el 14 de agosto de 2009, a los 90 años y le faltaban dos para terminar la primaria.

También recuerda que la ONU llevó su historia e imagen a una campaña para promover la educación universal y gratuita.

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