Bouquet.— El camino se hizo al andar. Si bien la frase es un cliché, explica
de manera gráfica el secreto de un matrimonio que acaba de cumplir 70 años. El motivo que lo hizo
posible se resume en otra frase no menos sencilla: estuvieron juntos porque quisieron estar unidos,
porque ni la convivencia ni los avatares de la vida en pareja pudieron romper el amor que se
tienen.
El aniversario, que se cumplió el jueves último, fue una conmemoración sencilla.
Hubo visitas y llamadas telefónicas. Alfio Paolinelli, de 96 años, miró el almanaque apenas se
levantó. No hicieron falta muchas palabras para reflejar lo que sintió ese día. Simplemente
agradeció estar al lado de esa mujer con la que tuvo tres hijos.
Micaela Mestre, de 92, sabía exactamente el gesto que iba a provenir de Alfio,
pero se quedó atenta para verlo, para recordar lo que se siente cuando alguien es amado y
respetado. El resto del día fue normal, porque todo lo importante que tenía que pasar ya había
sucedido.
No hay muchos casos como éste en Santa Fe, probablemente puedan ser contados con
los dedos de una mano. Además Alfio y Micaela están sanos, tienen buena memoria y están rodeados de
enormes afectos y la familia que fue el sostén de una vida en común.
Se trata de una historia de hijos de inmigrantes, propia del nacimiento de los
pueblos santafesinos. Familias que emigraban de Europa bajo condiciones de guerra y miseria, con la
esperanza que acarreaba ingresar a un mundo nuevo.
Cuando Alfio tenía apenas dos años los padres regresaron a Italia. Eran de
Ancona y lo llamaron para la guerra del 14. "No peleó porque estaba sordo. Mejor dicho, se hizo el
sordo", contó Alfio al recordar el relato de sus padres cuando él ya era mayor.
"Llegamos en barco y recuerdo que todos lloraban, principalmente mi mamá. Porque
el barco era atacado por un submarino. Pero pasamos por eso. A los diez años regresé nuevamente a
la Argentina", dijo al hacer un repaso por la infancia.
Una declaración. Micaela es hija de españoles oriundos de Palma de Mallorca, y
nació en Armstrong. Cuando joven, su familia se trasladó a Bouquet. No tenía 20 años cuando un día,
como si se tratase de un cuento de princesas, se le presentó un hombre de ojos celestes y se le
declaró. "Simplemente me gustó y le dije que sí. Así que enseguida nos hicimos novios", dijo
Micaela.
Ambos vivían en explotaciones agropecuarias cercanas, de modo que se veían a
menudo. Iban a reuniones sociales de la zona y en ocasiones viajaban a Noetinger, para bailar
tangos, pasodobles y valses. Siempre bailaban y al decir de los hijos lo hacían muy bien.
"Yo antes tuve otra novia —cuenta el hombre—, pero los padres no me querían.
Entonces me abrí y conocí a Micaela. Pero resulta que esa novia lloraba. Por un momento dudé en
regresar, pero ya era imposible porque había dado mi palabra a mi actual esposa", relató Alfio.
Se casaron por iglesia en la parroquia de Las Rosas. El de impecable traje y
ella con vestido blanco, en tanto que el civil fue en Bouquet. Los primeros cuarenta años
trabajaron en el campo, hasta que decidieron construir una casa en el pueblo en donde viven en la
actualidad.
"Mi suegro me pagaba un sueldo y yo hacía los trabajos en el campo. El me dio
muchas facilidades para que yo, años después, se lo pudiese comprar", resalta Alfio. La familia
tiene en el distrito una explotación de 200 hectáreas.
Tuvieron tres hijos. Víctor, de 67 años, radicado en Rosario, Ana María, de 62,
con domicilio en Viedma, y Juan Carlos, de 60 años, que vive en un campo cercano. Tienen además
diez nietos que siempre participan de los acontecimientos familiares.