Francisco es el nombre que podría adquirir cualquier ser vivo, pero que desde el momento que es nombrado empieza a ser simbolizado y a formar parte de una historia. El formó parte de una historia durante 18 años para lo cual recibió dedicación, afecto y atención. En la mañana del martes 18 de octubre, en la localidad de Roldán, en zona de loteos, en la puerta de mi casa, el camión de la Municipalidad de Roldán fue el responsable de matar en un instante a Francisco. No intentó esquivarlo, ni disminuyó la marcha, ni tocó bocina. Simplemente lo mató. Pero como estamos tan acostumbrados a estos actos en donde nada tiene consecuencias, en donde la vida de cualquiera puede ser arrollada por las más diversas intenciones particulares, me dirigí al organismo responsable, al ente regulador de los servicios estatales, el municipio. El cual emitió lo siguiente "en nombre de la Municipalidad de Roldán le pido disculpas". Matar es reparado con una simple disculpa, tan simple como fue matarlo sin hacer ningún intento de salvaguardar la vida. Si la vida de cualquiera se reduce a un acto de disculpas, es una canallada. El canalla es la figura sostenida del que primero "te las hace y luego se disculpa". Increíblemente las formas del Estado son tan violentas, cuando el mismo no sólo que no regula el bien común, sino que el mismo las hace para luego irresponsablemente cerrar el caso con la simplicidad de que la vida no tiene ningún valor. Es que Francisco no podía ir a las urnas, porque él tenía cuatro patas.

































