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Un jornada de fiesta, aplausos y bostezos

Una jornada con altibajos y con un público que repartió sus opiniones durante la tercera noche del Festival de Teatro. Se presentaron Obras de Buenos Aires, Quito y Entre Ríos.

Sábado 12 de Octubre de 2013

Una jornada con altibajos y con un público que repartió sus opiniones. se presentaron Obras de Buenos Aires, Quito y Entre Ríos

Durante la tercera noche del festival, aparecieron otros condimentos. Fue una jornada con algunos altibajos, donde la programación del jueves tuvo una recepción con mayores condicionamientos y el público repartió sus opiniones.

En Plataforma Lavardén, "Testimonio de un centauro" se encargó de abrir la grilla, una obra de la compañía Xona Bastarda, oriunda de Quito, Ecuador. Desde un fondo con puertas de chapa oxidada, extrañas figuras se asomaban dirigidas por un personaje que se autodefinía como centauro, mitad hombre, mitad caballo. Distintas escalas para representar la condición humana, en una danza que no terminaba de esclarecerse.

La propuesta surgió de una investigación teatral sobre crímenes de lesa humanidad en nuestro continente. La obra intenta poner foco allí donde la víctima pierde todo derecho, privada de comunicación, confinada en lugares desconocidos, sometida a suplicios infernales. Una poética que costó ingresar en los espectadores rosarinos, tal vez acostumbrados a propuestas relacionadas con el quebrantamiento de los derechos humanos y el pasado reciente. Con algunos baches en las transiciones entre escenas, el público se mostró más disperso y exigente, y llegó a conectarse cuando el actor desmontaba todo el artificio de la puesta y los efectos técnicos, para quebrarse ante la platea desde un lugar más verídico, más auténtico. En esos momentos, el público se entregó, y Pablo Roldán Rodríguez, el intérprete, logró reivindicarse.

Pasadas las 21.30 comenzó en La Comedia la obra "Niñas mal", a cargo de la compañía Bombo de Ciruelos, de la ciudad de Buenos Aires, con dirección de Leonardo Edul. La historia de la aristocracia porteña del siglo XIX se hace presente en un encuentro imaginario entre Felicitas Guerrero (Natalia Miranda) y Camila O'Gorman (Guillermina Schauman), dos mujeres que se encuentran en el ingreso al mundo de la muerte.

Con una puesta de marcada belleza, donde las sillas cobran un valor estético y hasta espiritual, la obra va pasando por diferentes momentos en una extensa conversación donde no quedan afuera los amores prohibidos, los finales trágicos y la incomprensión de toda una época. La eternidad se vuelve materia en un mundo en el que la noción de tiempo se trastoca definitivamente. Sin embargo, los tiempos de la ficción también afectan los tiempos de la percepción en el espectador. Por momentos, la marcha del encuentro se hizo lenta, y algunas escenas parecían merodear los mismos conceptos. Algunos espectadores partieron antes de tiempo, para no perderse la última propuesta.

A las 23, acompañado por una fuerte tormenta, comenzó "Fedra en karaoke" en el CEC, una producción de Teatro del Bardo (Entre Ríos). La obra se basa en el mito de Fedra, tragedia envuelta en un mundo de engaños. Es la historia de un hijo cercado en un triángulo de pasiones. El comienzo de la función es una fiesta karaoke donde el actor se transforma en una Fedra alegre, femenina, glamorosa. El público es involucrado con una inmensa bola espejada en el centro del escenario, para acompañar la espera con canciones que nos hablan del tiempo: "Mil horas" y "Quizás, quizás". El público de esta función tenía algunos años por debajo de la media y se entregó completamente a lo que proponía Juan Kohner, primero como Fedra, luego interpretando a Teseo y finalmente a Hipólito, como jóven rockero. Tres estéticas diferentes muy bien asumidas por el actor que le devolvió el espíritu festivo a la noche del teatro con toda la impronta del karaoke, una de las manifestaciones culturales de nuestro tiempo.

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