Cuando un ejército sufre una aplastante derrota se le presentan dos alternativas: la retirada o el desbande. En el primer caso se conserva la cadena de mandos, se mantiene la disciplina y se abandona el campo de batalla en forma ordenada. En el segundo caso se rompe la cadena de mandos, se amotina la tropa, se impone el “sálvese quien pueda” y proliferan las deserciones. El kirchnerismo está inmerso en esta última alternativa con el agravante que la gran mayoría de los desertores se han cambiado el uniforme y atacan a sus antiguos comandantes. Es interesante comprobar que muchos de los mencionados desertores ya se han cambiado el uniforme varias veces y han combatido sucesivamente a órdenes de los mariscales Menem, Duhalde, Kirchner y Cristina de Kirchner. Ahora están todos ansiosos por incorporarse al triunfante ejército del mariscal Massa.






























