Si es difícil subir en la vida, más difícil es seguir siendo el mismo después de haber subido. Hay quienes habiendo alcanzado altos cargos, títulos, fama o riqueza, se olvidan de los amigos y de los favores recibidos. Es que la altura puede marear, principalmente a los que se han encaramado muy rápido y por medios pocos escrupulosos y no por capacidad y méritos propios. Por lo general estos últimos se vuelven pedantes y vanidosos, adoptando aires de superioridad. Algunos parecen volatineros que andan por el aire haciendo equilibrio sobre una cuerda tratando de no caer. Siempre ansiosos del aplauso del público, olvidan que cuanto mayor sea su elevación más visible será su incompatibilidad con la posición que ocupan y desde abajo se elevarán silbidos de reprobación a su labor y a sus serviles aplaudidores. En el Día del Amigo recordemos también a estos “amigos” que con la “gloria” pierden la memoria. Al saludarlos no dudemos en decirles lo que pensamos: no es con el esplendor de los cargos o títulos ni con el dinero que se adquiere la verdadera grandeza, esa que brilla hasta en la tumba.






























