En la cumbre climática de Doha hay dos cuestiones principales en juego: los participantes deben acordar aspectos concretos de la ampliación del Protocolo de Kyoto y una hoja de ruta para un acuerdo climático mundial.

En la cumbre climática de Doha hay dos cuestiones principales en juego: los participantes deben acordar aspectos concretos de la ampliación del Protocolo de Kyoto y una hoja de ruta para un acuerdo climático mundial.
La cumbre debe fijar aspectos concretos para extender la vigencia del Protocolo de Kyoto a partir de 2013. Un tema pendiente es, por ejemplo, si la próxima ronda finaliza en 2017 ó 2020. Hasta ahora, la Unión Europea, Australia y otros países ya se acogieron al conocido como Kyoto 2. Y aunque sólo suponen en torno al 15 por ciento de las emisiones globales de gas de efecto invernadero, toman en serio la exigencia de los países más pobres de que los industrializados tomen la iniciativa.
Hasta 2015 debe alcanzarse un acuerdo que contemple también los objetivos climáticos de Estados Unidos, China, India y otros Estados y que entre en vigor en 2020. En Doha debe elaborarse hasta 2015 una hoja de ruta para que pueda estar listo y aprobado en tres años.
En tanto, los países más pobres han de seguir recibiendo dinero para la protección del clima y la adaptación al cambio climático. A partir de 2020 tienen que recibir cada año 100 mil millones de dólares (78 mil millones de euros). Y un pilar importante es el Fondo Verde para el Clima (Green Climate Fund). En Doha habrá que concretar las promesas de nuevas fuentes de financiación, como el controvertido impuesto a los vuelos y otro aún más difícil de imponer al sector del tráfico marítimo.
Desde Kyoto, Rusia puede emitir en 2012 tanto CO2 como en 1990, pero la crisis económica ha hecho que reduzca sus emisiones. Por ello, el país quiere vender en el futuro sus certificados de emisiones a otros países, algo a lo que se oponen la UE y países en desarrollo.


