Después de su disco de covers "Antojos" o diez años antes tras una obra como
"Espiritango" o luego de su primer CD solista "A través de los sueños", cualquier musicólogo con
apenas dos dedos de frente podría haber dicho que Palo Pandolfo lo había intentado todo. Pero no.
El ex líder de Don Cornelio y de Los Visitantes, dos bandas de culto del rock under argentino,
lanzó este año el CD "Ritual criollo" y de nuevo volvió a dar los naipes. Como siempre fue a
fondo partiendo de su rock arrabalero, tensando límites y definiendo, una vez más, una obra tan
poderosa como despareja. Una exquisita diversidad. Palo, junto a su nueva banda, presenta en vivo
el nuevo disco hoy a las 21.30 en el teatro Lavardén.
—¿Podés definir "Ritual..."?
—Una larga búsqueda de música de ancestros. Di con unos compañeros
impresionantes, algunos del palo del folclore. En este disco empezó a tomar fuerza los géneros que
yo trabajo intuitivamente, aparte de toda la veta psicodélica que pertenece a mi generación. Todo
lo que yo hago está bajo la órbita de los Beatles. Por eso llego a la rítmica de ancestros desde la
psicodelia y la experimentación. Esta banda es alquímica.
—¿Trasladar un álbum al show en vivo es cómo volver a repensar un puñado
de canciones?
—La verdad que sí. Soy de los que dicen que una cosa es un disco, donde te
metés en la pecera con auriculares, luces tenues, y otra cosa es estar parado en el escenario con
todo el quilombo del show y el público. Aquí hay un ida y vuelta, algo que se retroalimenta, la
diversión de los cuerpos, las almas, con la energía de las personas jugando. Entiendo que en vivo
desarrollás una energía tremenda. Estamos ensayando tres veces por semana y eso te permite ir al
vivo y prendernos fuego.
—¿Los discos siguen siendo aquel preciado objeto?
—Para mí sí. Aún amo el sonido del vinilo. Por supuesto que Internet
difunde la música desde otro lugar. Está planteado así. Yo también grabé muchos discos a casete en
la década de los 80... Tampoco soy un gran comprador de discos, pero me los procuro de algún modo.
Hoy decíamos que la música es un remedio que no se consigue en la farmacia.
—¿Qué oficio cumplís mejor?
—Me gusta decir el de guitarrero y cantor, porque hay algo entre la
guitarra criolla y la voz, es decir eso de acompañarse con la guitarra, que está bueno. Estos años
hice muchos shows netamente solo y para mí fue tremendo. Ahí es donde pelé un oficio, aparte del de
hacer canciones.
—Los 80, los 90 y el nuevo siglo significaron para vos Don Cornelio, Los
Visitantes y la etapa solista. ¿Cuál es la síntesis?
—Debuté en el 79 y éramos tremendamente setentistas. Hacíamos rock
progresivo. Hasta te diría que el espíritu de los 60 y los 70 es lo que me trajo hasta acá. En el
83 terminé la secundaria y con la democracia, en el 84, formamos Don Cornelio. Años de renovación y
cambio (risas). De hippies pasamos a punk y hedonistas..Los 90, una resaca. El neoliberalismo
cerrando fábricas y empujando a la pobreza a mucha gente; mucha fisura, droga y locura...El gran
símbolo de la década es el rifle en la boca de Kurt Cobain, el último gran gesto del rock and roll.
Nos limaron el cerebro. Hoy hay un movimiento de cantores y de bandas que se dejan llevar por las
raíces. Hay gente que se vuelca al bandoneón, a la guitarra criolla, a la percusión. Un movimiento
incipiente en la búsqueda de una música más original y propia. Y para todos gustos.