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Murió Jacques Vergès, el abogado que defendió a dictadores

El abogado francés tenía 88 años. A los 17 años combatió con la resistencia durante la ocupación alemana de Francia.

Sábado 17 de Agosto de 2013

Jacques Vergès, apodado "El Abogado del Diablo" por su ostentosa defensa a personajes de la talla del nazi Klaus Barbie, Carlos "El Chacal", terroristas y dictadores, ha muerto, informó ayer una editorial francesa. Tenía 88 años.

Vergès falleció el jueves de un paro cardíaco en el dormitorio de Voltaire en París, el filósofo de la Ilustración famoso por sus ataques al establishment, dijo Pierre-Guillaume de Roux, quien publicó "Mis confesiones", las memorias de Vergès.

"Fue un lugar ideal para el acto final de este actor nato", dijo de Roux. "Al igual que Voltaire, él cultivó el arte de la revuelta permanente y el cambio de actitud".

Celebrado y vituperado por defender lo indefendible, Vergès defendió a Barbie, ex capitán de la Gestapo quien dirigió una campaña de tortura y muerte en el sur de Francia y fue condenado en última instancia por crímenes de lesa humanidad en 1987 en Lyon, Francia. Después, defendió a Paul Touvier, un francés que fue ayudante de Barbie en las ejecuciones y también fue declarado culpable de crímenes contra la humanidad.

"Hubiera defendido a Hitler", dijo Vergès en una ocasión. "La defensa no significa excusar. Un abogado no juzga, no condena, no absuelve. Trata de entender".

También defendió el ex líder yugoslavo Slobodan Milosevic y al ex viceprimer ministro iraquí Tariq Aziz.

De la misma forma, Vergès perdió el caso al defender a Carlos "El Chacal", el terrorista venezolano que secuestró a 11 ministros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep) en 1975 y dirigió una serie de atentados con bombas y tiroteos en las décadas de 1970 y 1980.

En el juicio en 2011 del ex líder de los Jemeres Rojos, Khieu Samphan, Vergès comparó las descripciones de las atrocidades como algo salido de una novela de Alejandro Dumas.

Vergès, gran amante de los puros cubanos desde que se los recomendara personalmente, según confesó, el mismo Che Guevara, deja con semejante currículum el rastro de una carrera bipolar, donde la extrema izquierda y la derecha se desdibujan en nombre de una particular concepción del derecho. Una forma de concebir la abogacía que explicaría cómo un joven Vergès de 17 años, miembro de la resistencia francesa contra los nazis, terminó defendiendo décadas después, en 1984, ni más ni menos que a Klaus Barbie, un dirigente de alto rango de la Gestapo.

Se sostiene que Vergès, hijo de un diplomático francés y una mujer vietnamita, fue pionero en lo que se conoce como "defensa de ruptura", una defensa de confrontación táctica en los tribunales, acompañada de una campaña para movilizar a la opinión pública a favor del defendido.

La primera vez que la puso en práctica fue en la década de los 50 para salvar de la guillotina a la militante anticolonialista argelina, Djamila Bouhired, encarcelada, brutalmente torturada y acusada de matar al menos a 11 personas en ataques con explosivos. Vergès no sólo le salvó la vida, sino que se casó con ella.

Miembro activo del partido comunista, un día de 1970 se borró del mapa, dejando a Djamila y dos hijos detrás. Nadie supo de él hasta 1978, cuando reapareció en París para reanudar su carrera de abogado. Algunos rellenan ese hueco biográfico con supuestos vínculos con militantes palestinos o una militancia activa junto a los jemeres rojos de Camboya. Sin embargo, este período que él calificó de "oscuro" sigue siendo un misterio. Lo que sí se sabe es que a su regreso se consagró como el abogado del extremismo.

Lo peor de lo peor. Entre su cartera de clientes contó con el expresidente serbio Slobodan Milosevic, acusado de crímenes contra la humanidad, y el ex primer ministro iraquí Tariq Aziz, ex asesor de Sadam Hussein, a quien se responsabilizó de la ejecución de 42 comerciantes declarados culpables de especulación.

No importaba si eran de derechas o de izquierdas, si sus defendidos eran acusados de genocidios, ataques con bombas, raptos o el asesinato premeditado de inocentes. Vergès tomó la defensa de todos aquellos que generaban titulares con el calificativo de "monstruos" y en ocasiones los llamaba "luchadores de la resistencia".

"No puedo tolerar ver a una persona siendo humillada, ni siquiera un enemigo", se justificó rememorando el juicio contra Klaus Barbie en 1984, en una entrevista para "El abogado del terror", el documental que hace un repaso de su vida.

"Un abogado que no acepta a criminales, es como un médico que no puede ver sangre y heridas", dijo en otra ocasión en una entrevista al diario alemán Spiegel.

Vergès decía que su ambición era "iluminar el camino que les llevó a cometer estos actos", que incluso los "monstruos" tenían manos, y dos ojos, y algunos como Adolf Hitler amaban a su perro y besaban las manos de sus secretarias.

No obstante, algunos creen que su reputación perjudicaba más que ayudaba a sus clientes. Se ha dicho, por ejemplo, que la familia de Sadam Hussein rechazó su oferta de defender al ex líder iraquí temiendo que contar con el abogado del diablo probaba de por sí su culpabilidad.

Extraño

Vergès murió cuando se disponía a cenar con amigos en su residencia de París, la misma que perteneció en su día al ilustrado de otrora radicales ideas, Voltaire. El abogado sostuvo una vez: "Gracias a mi profesión, soy familiar con el punto de vista del terrorista, del policía, el criminal y el idiota, la virgen y la ninfómana, y puedo decirte que esto mejora la visión de uno".

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