Oxígeno. Es lo que hace falta no sólo para tomar un poco de aire sino para permitir procesar el aluvión informativo de la semana que pasó.

Oxígeno. Es lo que hace falta no sólo para tomar un poco de aire sino para permitir procesar el aluvión informativo de la semana que pasó.
En sólo siete días la presidenta de la Nación, Cristina Fernández, decretó la emergencia agropecuaria nacional y el campo lo consideró insuficiente. Pero al día siguiente sus dirigentes volvieron sobre sus pasos y aseguraron que no querían "dinamitar puentes con el gobierno".
Apenas pronunciada la mesa de enlace, las "bases combativas ganaderas" de Carbap salieron a reclamar una nueva medida de fuerza, mientras Cristina seguía de barata y lanzaba el nuevo plan de electrodomésticos que ahora incluye calefones, termotanques, lavarropas y cocinas accesibles para la clase trabajadora que mira azorada como el líder de la CGT nacional, Hugo Moyano _y la conducción local de la Confederación_ aseguran que no hay piso ni techo para aumentos de salarios y se envalentonan arengando que el 15 por ciento de tope que puso elípticamente el gobierno no es un freno para la disputa.
Mientras el campo sigue mirando de soslayo las decisiones oficiales, el sector financiero sí estuvo de festejo. Fue por el anuncio del canje de deuda de préstamos garantizados por apetitosos bonos que vencen en 2014 pero aseguran una renta mucho más jugosa que la de los papeles anteriores que se actualizaban con la inflación de Moreno.
Fue también Cristina la encargada de anunciar la buena nueva, que según dijo, no es una ventaja para el gobierno sino para todos los argentinos. Quizás, para algunos argentinos más que para otros, especialmente para el sector que recibió compensaciones tras el corralito, se "guardó" cuando hubo necesidades financieras reales y en plena crisis internacional se llenó de plata cobrando tasas astronómicas.
Los anuncios fueron muchos, los receptores, pocos.


