La carta del señor Pedro S. Tavacca, del pasado sábado 21 del corriente, titulada "Conócete a tí mismo", además de acertado contenido y bien elaborado continente, posee el mérito de hacernos reflexionar. Hay personas talentosas que fracasan. ¿Mala suerte? Puede influir, pero también puede ser que en su momento se hayan equivocado en conocer su vocación, en saber para qué sirven. Es usual que nos contentemos con una ubicación o lugar determinados, a lo mejor con mucho estudio y preparación, pero sin conocernos a nosotros mismos, ignorando nuestra real aptitud y valía. Si con el tiempo lo llegamos a descubrir y tomamos plena conciencia de nuestro auténtico papel en la vida, solemos decir que ya es muy tarde y seguimos haciendo lo mismo. Y como nadie quiere ser menos de lo que se ha imaginado o deseado para sí, como si se hubiera cometido un error irreparable, la vanidad mueve a algunos a intentar la simulación, recurriendo a lo que podríamos llamar una moda intelectual, tan poco trascendente como todas las modas. Pretendemos engañar y nos dejamos engañar por las apariencias. "La barba no hace al filósofo", dice un proverbio latino. Por más que yo adopte actitudes de pintores o músicos, jamás lograré escribir un poema, ni pintar ningún cuadro, ni componer música alguna que ameriten aplausos. Seguiré con mis cartas, aunque ellas no merecieren ser publicadas. Nunca es tarde para conocernos. Mientras tanto prefiero ser ignorado o criticado por lo que soy hoy y no aparentar lo que no soy para ser conocido o elogiado.

























