Deseo formular algunas reflexiones acerca de las expresiones de la sexóloga Mirta Granero, quien en declaraciones al diario de aproximadamente hace dos semanas se esforzó en minimizar la conducta del individuo que entró desnudo al departamento de una vecina, con otros agregados ya conocidos. Además, mediante explicaciones científicamente refutables y socialmente poco favorables Granero trató de eximir de peligrosidad al imputado. Me permito recordarle a la profesional que su argumentación lamentablemente no es novedosa ni provechosa, y bastan éstos dos ejemplos para hacer una evaluación: en numerosos expedientes se pueden leer justificaciones con palabras muy parecidas a las suyas que fueron frecuentemente utilizadas por la defensa de represores de segunda línea quienes, como complemento de aberraciones mayores a cargo de sus superiores, realizaron exhibiciones obscenas o directamente pornográficas ante las personas detenidas en los centros clandestinos durante la última dictadura. La concepción de Mirta Granero es sorprendentemente parecida a la presentación expurgatoria de los abogados defensores de un psicólogo que está procesado en la ciudad de Buenos Aires por Corrupción de Menores, o sea pedofilia. Cada lector sabrá sacar sus conclusiones.

































