Leyendo a Carlos Sánchez en la "destacada" del jueves 12, donde aboga por la protección de ejemplares riberas, pensé que un paisaje (rural o urbano) sin árboles, es como un arroyo sin sauzales; como una tonada cuyana sin el acorde final; como una noche de abril sin luna llena. Es que a un paisaje sin árboles le falta algo. Los árboles le dan a la placidez del campo, a las calles y avenidas y parques, un encanto incomparable: En verano, monopolizando el verde; en otoño, poniendo el poético matiz dorado en hojas, caminos y veredas; en invierno, con las ramas que sólo muestran algún nido de horneros y en primavera, con la renovada promesa de los brotes nuevos. Por eso, después de las tormentas que cada vez son más frecuentes y violentas nos invade una sensación de impotencia y amargura. Pero la acción destructiva de las tempestades cuenta a veces con un cómplice; con un "partícipe necesario": el hombre. Porque me parece que si se realizara un permanente mantenimiento del ramaje, especialmente en los árboles centenarios, disminuiría el número de ejemplares abatidos por la furia de un vendaval. Tal mantenimiento permitiría que esos árboles presentaran menor superficie de choque a la fuerza del viento, que podría "filtrarse" por entre los espacios creados sin impactar de lleno en una frondosa copa. Las raíces de los árboles muy viejos no soportan la acción conjunta de la lluvia y el viento, y no pueden mantenerlos en posición vertical por lo que no "mueren de pie", como escribiera Alejandro Casona. Los árboles en malas condiciones de mantenimiento representan un peligro potencial para personas y bienes, y los ejemplares arrancados por las tormentas suelen provocar accidentes graves, y ocasionan entorpecimientos de tránsito y complejos operativos de limpieza. Además, al caer sobre las redes de energía eléctrica, que dicho sea de paso debieran ser nuevas y subterráneas, hacen que innumerables usuarios queden sin servicio. La lluvia y la potencia impiadosa del viento en una tempestad siempre provocarán la caída de ramas y árboles añosos.























