El domingo 21 de diciembre tuve la oportunidad de ver un programa de TV, en un canal de aire de nuestra ciudad, difundido al mediodía y conducido por un señor que no se distingue por su cabellera. Realmente quedé asombrado por la paupérrima calidad de dicho programa. El citado conductor estuvo más de media hora amenazando (este es el justo término) con mostrar documentación que, según él, comprometería seriamente a los dirigentes de una entidad deportiva de Rosario. No solamente no mostró absolutamente nada, sino, por el contrario, por lo poco que se animó a mostrar, era un documento sobre un fideicomiso (dudo que sepa de que se trata) absolutamente normal. También mostró un supuesto video (sólo una imagen) de lo que para este señor fue un hecho terrible sucedido en Arroyo Seco. Hasta el día de hoy me sigo preguntando que le notificó a la audiencia. Y el estilo de este señor me parece que contrasta con el de otros periodistas que realmente han abrazado esa profesión con seriedad y dedicación. Mal pueden aprender los jóvenes que lo acompañan ya que la forma, permanentemente amenazante, nos lleva inexorablemente a otras épocas, gracias a Dios superadas. Me da la impresión de que debería dejar su lugar a otros periodistas que realmente respeten a la audiencia y esta pueda percibir una honesta carrera centrada en el respeto intelectual, la continua preparación y el nivel de lo que realmente debe transmitir un verdadero periodista. No creo que Pulitzer haya cimentado su nombre haciendo de la chabacanería lo sustancial de su mensaje. Ya es hora de liberar a nuestra Democracia de los desinformadores históricos y ni siquiera mediocres. Porque mal informar también es violencia.






























