Los hermanos Gustavo y Eduardo Juliá, y Matías Miret se declararon ayer inocentes en el inicio del juicio que se celebra en España donde se los acusa de haber ingresado en un avión casi una tonelada de cocaína en 2011 en Barcelona.

Los hermanos Gustavo y Eduardo Juliá, y Matías Miret se declararon ayer inocentes en el inicio del juicio que se celebra en España donde se los acusa de haber ingresado en un avión casi una tonelada de cocaína en 2011 en Barcelona.
Los acusados ratificaron ante el juzgado de Instrucción número 2 de El Prat Llobregat que no tenían conocimiento del cargamento que llevaban y que sólo fueron contratados por un empresario español para completar la ruta Buenos Aires-Barcelona para trasladar una serie de obras de arte, documentación bancaria y personas desde España hacia la Argentina.
Los hermanos Juliá, hijos del ex brigadier José Juliá, jefe de la Fuerza Aérea Argentina entre 1989 y 1993, y el piloto Miret —también hijo de un jerarca del arma durante la dictadura militar— afrontan un pedido de 13 años de prisión y una multa de 140 millones de euros por parte del fiscal David Benages.
El primero en declarar fue Gustavo Juliá, responsable de la aeronave, quien dio a entender que a la cocaína la pudieron haber colocado tres personas que hicieron cambios en el avión por pedido del empresario español que los había contratado.
A su vez, el acusado negó haber dicho a la Guardia Civil que la droga era suya.
El último de los testigos en hablar fue Miret, quien explicó que fue contratado como copiloto para hacer el vuelo unos días antes del viaje. También contradijo la declaración de Gustavo Juliá, ya que aseguró que cuando se descubrió la droga dijo: “Es todo mío. Ellos no saben nada”, en relación a lo transportado en el avión.
Los tres argentinos se encuentran detenidos desde el 2 de enero de 2011, acusados de transportar 944 kilos de cocaína ocultos en dos sofás cama y en dos armarios dentro del avión.


