Uno de los enigmas de Venus son sus eclipses, evento astronómico que sucede cuando este planeta pasa entre el Sol y la Tierra. También la singular e irregular aparición de sus eclipses, que ocurren según un patrón que se repite cada 243 años, con un par de tránsitos separados por ocho años entre sí en 121,5 años. Periodicidad como consecuencia de los períodos orbitales que cumplen relaciones de conmensurabilidad de 8:13 y 243,395. En este siglo que estamos viviendo, tuvieron lugar los tránsitos del 08/06/2004 y 06/06/2012. Eclipses que tienen suma importancia en las mediciones e investigaciones astronómicas que han permitido realizar. Históricamente lo real con respecto al tamaño del Sol y la distancia entre nuestro planeta y el astro rey, más la búsquedas de exoplanetas. Venus es el planeta más brillante al anochecer y el más resplandeciente al amanecer. Los griegos pensaban que estas apariciones vespertinas y matutinas constituían diferentes predicciones astronómicas; Héspero estrella de la tarde y Eóspero, nuestro Lucero. Venus, a pesar de todos sus enigmas, es el planeta entre los cuatros rocosos del sistema solar —Mercurio, Venus, Tierra y Marte—, el más castigado por el Sol. Su esfera está cubierta por ríos y mares de lava con grandes volcanes en actividad que producen en su atmósfera 480 grados de calor. Venus, siglos antes de Cristo, fue muy observado y estudiado por las culturas hindú, griega, babilónica y en especial por los mayas, quienes tenían bien controlados sus movimientos de rotación y traslación como a sus eclipses que denominaron Día Cero o, Tsab. Pero, como siempre, no hay nada nuevo bajo el Sol, antes que todas estas civilizaciones los astrónomos babilónicos, de esto hace cuatro milenios, mil novecientos años antes de Cristo, incluso previo al período Neo-Asirio, los astrónomos babilónicos en los albores de la astronomía dejaron constancias en la "Tableta de Venus de Ammisaduga" en cuneiformes, datos referentes a los sinódicos de Venus.























