Cuando postulamos la necesidad impostergable de desarrollar una educación integral y emancipadora una de las figuras insoslayables es la del pedagogo libertario catalán Francisco Ferrer i Guardia. En efecto, este maestro anarquista nacido en Alella, Maresme, el 10 de enero de 1859, fundó en 1901 la Escuela Moderna, poniendo en práctica innovadoras estrategias de enseñanza que se proponían brindar herramientas de conocimiento de la naturaleza y la sociedad. Ferrer proponía una forma de aprender a partir de la práctica al aire libre investigando las plantas, los animales y el entorno natural y social, sin prejuicios ni dogmas, la convivencia en el ámbito de aprendizaje de niñas y niños, impulsando así concepciones no sexistas. La amplia difusión de todas las ideas filosóficas y científicas para contribuir a conformar personalidades alejadas de la intolerancia, el racismo y cualquier clase de fanatismo. Fracciones del clero ibérico junto a sectores militaristas y de terratenientes lo acusaron de instigar la violencia durante la llamada Semana Trágica, en Barcelona. Murió fusilado en los fosos del castillo Montjuich en Barcelona, el 13 de octubre 1909. Vale recordar sus palabras cuando fue detenido por primera vez en 1906 "La Escuela Moderna" pretende combatir cuantos prejuicios dificulten la emancipación total del individuo, y para ello adopta el racionalismo humanitario, que consiste en inculcar a la infancia el afán de conocer el origen de todas las injusticias sociales para que, con su conocimiento, puedan luego combatirlas y oponerse a ellas. El estudio de cuanto sea favorable a la libertad del individuo y a la armonía de la colectividad, mediante un régimen de paz, de amor y bienestar para todos sin distinción de clases ni de sexos. En el presente, múltiples iniciativas como los Bachilleres Populares surgidos de movimientos sociales que se inspiran en este pedagogo libertario precursor de nobles prácticas sociales autogestivas y solidarias.

































