Hace siete años que vecinos de un sector de barrio Ludueña intentan en vano frenar los graves
inconvenientes que les generan dos bares. Viven en inmediaciones de la zona comprendida entre la
calle Casilda y las avenidas Alberdi y Avellaneda, y para ellos las noches no son fáciles. Ruidos,
veredas convertidas en baños, y jardines usados para otras funciones más jugadas forman parte del
paisaje con el que se encuentran por las mañanas. Pero lo más dramático es que los fines de semana
los parroquianos terminan a los tiros.
El problema arrancó en el 2003 y tuvo un paréntesis a partir de
2008, cuando la Municipalidad clausuró la segunda versión del local de avenida Alberdi 111, que en
ese momento funcionaba con el nombre de Jump. También clausuró el bar de Avellaneda 110 bis, el
otro que tiene a maltraer a los vecinos.
Pero ya se sabe, la tranquilidad no es eterna. Entre mayo y junio pasado
ambos sitios fueron habilitados otra vez como “Ay Ramírez” y “Menta”
respectivamente, bajo el rubro “bar con amenización musical”.
Para los vecinos, el rubro “está tergiversado” y ambos
funcionan en la práctica como “boliches bailables” generando disturbios y el miedo que
les impide identificarse en los testimonios que buscó La Capital. “Menos aún con
fotos”, dijo Angel, una más de las firmas que varias veces llegaron hasta las autoridades
municipales denunciando los hechos o sosteniendo registros de oposición.
De terror. Así definió Dévora Perille a la mañana del domingo pasado cuando el “último
tiroteo de la noche se extendió entre las 8 y las 8.30”. Sólo a modo de ejemplo, un momento
antes una vecina había pasado frente a los bares para ir la iglesia y otros a diferentes
diligencias. El susto fue tan fuerte que la mujer describió la situación con trazos gruesos en una
carta de lectores que ayer publicó La Capital.
Según Perille, la sensación más amarga es tener que denunciar año tras año
los desmanes que se generan en las madrugadas alrededor de ambos locales bailables.
“No sé por qué la Municipalidad nos pone en esta situación de riesgo,
si sabe bien lo que nos pasa”, insistieron los vecinos. La situación también tiene su
correlato en las propiedades inmobiliarias, porque se desvalorizan. “¿A quién le vamos a
vender una casa en este lugar?”, comentaron.
Una locura. “Después de las 6 de la mañana, esto es una locura, se pegan, se
lastiman, hay tiros, es de terror, no se puede pasar caminando por esta zona”, enfatizaron.
“¿Qué tenemos que pensar en una situación semejante si vuelven a quedar habilitados?”,
se interrogaron mientras repasaban el material acumulado en los últimos siete años de penurias (ver
aparte).
“Menta” y “Ay Ramírez” ocupan las ochavas y la
vereda norte de la cuadra que une las avenidas Alberdi y Avellaneda. Esta confluencia potencia los
inconvenientes para las viviendas de las casas vecinas. “Vivimos en un símil Far West”,
escribió Perille en la carta de lectores y ayer en el barrio confirmaron la comparación.
Pesadilla. Según relataron los vecinos, el último viernes hubo tres tiroteos aislados, el sábado
hubo música en alto volumen, mucho ruido con las motos y los autos y sobre las cuatro de la mañana
el primer tiroteo con un intercambio de unos siete u ocho disparos.
Pero el terror llegó entre las 8 y las 8.30 del domingo. “Comienzan
en la cortada que une las avenidas pero después siguen por calle Casilda”, relataron. Y
dijeron desconocer las consecuencias de semejante refriega, porque apenas comienzan se encierran a
cal y canto en sus viviendas.
“Por la intensidad y la dimensión que van cobrando estas peleas,
tenemos miedo que alguien resulte afectado”, explicaron. Y reiteraron que les resulta
incomprensible que sean ellos quienes asuman los riesgos por las denuncias.