Durante el "reinado" del "metafísico" de Anillaco la discusión política, manifestación verbal del pluralismo ideológico, fue sepultada por el discurso único. Había arribado a la Argentina el dogma que proclamaba la implantación definitiva del neoliberalismo. El pensamiento crítico fue ridiculizado por el nuevo orden planetario, convencido de su eternidad. La política dejó su lugar a los negocios entre las corporaciones y el gobierno. El "metafísico" de Anillaco se sintió como pez en el agua. Las privatizaciones que tuvieron lugar durante sus primeros años de gobierno simbolizaron la naturaleza del nuevo régimen imperante, orientado en función de su principio medular: la obtención ilimitada de ganancias. Los ciudadanos pasaron a ser clientes y sólo interesaba el éxito a cualquier precio. El "metafísico" de Anillaco reflejó mejor que nadie el terremoto ideológico que se producía en la Argentina. La pleitesía que le rindió al establishment a la farándula y a la "república imperial" no fue un capricho suyo sino la puesta en práctica de una fría estrategia tendiente a satisfacer las condiciones impuestas por el nuevo paradigma. Afortunadamente, en la historia humana nada es para siempre. Ninguna ideología, ningún dogma, ningún régimen político, son eternos. El derrumbe del imperio soviético es un buen ejemplo. En la Argentina el neoliberalismo estuvo vigente entre 1989 y 2003. En mayo de 2003 asumió la presidencia de la Nación el santacruceño Néstor Kirchner y puso en marcha un proceso tendiente a provocar el renacimiento de la política. En efecto, el drástico cambio de la Corte Suprema, la aceleración de los juicios por la verdad histórica y el desafío a las corporaciones, demostraron que había terminado la época donde hablar de política era considerado una pérdida de tiempo. El renacer de la política se afianzó durante la presidencia de Cristina. El conflicto con las entidades agropecuarias marcó, en ese sentido, un punto de inflexión. La discusión ideológica finalmente pudo germinar en un suelo que le había resultado inhóspito durante quince años. Ahora todo está en discusión. En buena hora. La política recuperó el protagonismo que tuvo durante la presidencia de Raúl Alfonsín. No resulta extraño que el Parlamento acapare ahora la atención de toda la ciudadanía. El majestuoso edificio dejó de ser una escribanía para pasar a ser lo que debe ser en una democracia republicana: la caja de resonancia del pluralismo ideológico. La "crispación" no es más que la manifestación visible del renacer de la política. Síntoma elocuente de que la Argentina es más democrática y republicana que durante los 90. El kirchnerismo lo hizo posible.































