El municipio lanzó el viernes pasado un nuevo plan de higiene urbana que prevé triplicar la
cantidad de contenedores (de 3.300 a 9.600) y su capacidad, y extender el área donde funciona este
sistema de deposición de basura. En este programa también está proyectado que el 10 por ciento de
la inversión que realizará el nuevo concesionario -estimada en 70 millones de pesos- se destine a
la “educación a la comunidad, orientada a comprometer a la ciudadanía en el cuidado de la
limpieza y del medio ambiente”. Es que las ciudades en el mundo que están a la vanguardia en
este tema han adoptado un lema: “La ciudad más limpia no es la que más limpia, sino la que
menos ensucia”.
La Municipalidad puede (y debe) garantizar un servicio de higiene urbana de
calidad: limpieza permanente de los espacios públicos, una eficiente recolección de los residuos,
extender el sistema de contenedores a toda la geografía de la ciudad, instalar cestos en las zonas
más concurridas… Pero el mejor programa en esta materia concluirá irremediablemente en un
fiasco (peor que el de la Operación Emmanuel organizada por Chávez para liberar tres secuestrados
en Colombia) si no existe una fuerte conciencia cívica sobre el cuidado de los espacios comunes.
No puede haber un barrendero detrás de cada habitante de esta ciudad. No puede
haber un policía al lado de cada contenedor para que no se lo roben o lo quemen. No puede haber un
inspector en la puerta de cada casa para controlar que el vecino no saque la bolsita fuera del
horario de recolección.
Los rosarinos generamos diariamente 800 toneladas de basura, y nos tenemos que
hacer cargo. No la podemos esconder debajo de la alfombra ni tirársela al vecino.
Aquí va un ejemplo exitoso que demuestra la importancia de apostar a la
educación, divulgación y concientización en el tema de higiene urbana. En barrio Parque, donde
vivo, el municipio implementó hace dos años el Programa Separe, por el cual los vecinos clasifican
sus residuos para realizar una recolección diferenciada de basura orgánica (restos de comida y
del jardín) e inorgánica (plásticos, metales, vidrios y papel). En todas las esquinas hay dos
contenedores, uno de ellos de color naranja para colocar exclusivamente residuos inorgánicos. Y
cada tanto doy un vistazo al interior de ese recipiente para ver si realmente la gente deposita
allí estos desperdicios reciclables, y compruebo que mayormente se respeta.
Claro que este programa no se expandió (en muy pocos barrios está en
funcionamiento), aunque ahora el municipio promete reactivarlo. Si todo lo que se anuncia en la
nueva licitación se hace realidad seguramente mejorará la limpieza y el medio ambiente de la
ciudad.



























