Habiendo transcurrido una semana desde la publicación en este diario de una prolongada entrevista que uno de sus periodistas nos hiciera con profunda seriedad y respeto, incluyendo los aciertos y errores o falencias que todo texto espontáneo y sin previa preparación suele poner en evidencia, creo justo y oportuno agradecer las múltiples expresiones de aprecio y aprobación recibidas que lamentablemente no me es posible responder individualmente. Sólo me permito responder al señor Rubén Jorge Lenti (a quien no tengo el placer de conocer sino a través de referencias recibidas en el Concejo Municipal del que formó parte en algún período del pasado), que lamento el carácter despectivo de sus comentarios, atribuyéndome una simple "habilidad dialéctica", o una "maléfica intelectualidad", y hasta la promoción de un libro del cual no tengo conocimiento. Como tal vez usted tambien desconoce mi trayectoria, puedo confesarle honestamente que camino y aprecié al pueblo de Israel en sus más nobles expresiones y virtudes, que denuncié los crueles años de la dictadura estando muy cerca del gran rabino que fue Marshall Meyer, así como a su pueblo al que acompañé en sus tiempos más aciagos, pero a la vez sirviendo en la búsqueda de la unidad de la Familia Abrahámica (judíos, cristianos e islámicos) por amor a Dios y a la Humanidad, pero no acepto el odio y la violencia en el grado de oscuridad e inhumanidad que los gobernantes han llegado a ejercer en estos tiempos. Frente a tanta gravedad, dentro de nuestros organismos ecuménicos hemos manifestado a uno de nuestros respetados rabinos nuestra convicción: "Como nosotros, otras organizaciones han pedido que la Corte Penal Internacional juzgue a los ministros y comandantes implicados en esta invasión. A Norteamérica es imposible llevarla a un proceso porque si bien promovió la existencia de la Corte se negó a entrar bajo su jurisdicción. Sería una manera de poner un parate real a las matanzas y destrucciones repetidas, sería dar un paso en firme para que se respeten las disposiciones de la ONU y Oslo, pues habría un antecedente disuasorio de que quien viole esas disposiciones nombradas, palestinos o israelíes, sepan que acabarán juzgados". En el mismo manifiesto expresamos el llamado de un misionero norteamericano, Juan Stam, cuando desde Costa Rica afirma que "hoy, el primer frente de batalla en la defensa de la vida tiene que ver con la lucha contra la violencia y la guerra: si estamos comprometidos con el Reino de la Vida, debemos declararle la guerra a la guerra". Estos son los desafíos que nos convocan a todos los miembros de la Familia Abrahámica, al mismo arrepentimiento y a una genuina conversión y obediencia. Con profunda humildad y fraternidad, atentamente.






























