¿Alguna vez le tocó viajar por un camino de tierra bajo la lluvia en esos tiempos en que la lluvia solía ser mucha y los caminos de tierra también? Quiero comparar esto porque, hoy, tantos años después, recuerdo haber viajado desde Cañada Rica a Sargento Cabral bajo una lluvia torrencial y por un camino que estaba más allá del barro. Yo manejaba un viejo Citroën, de esos que ya no se ven más. Al salir de Cañada Rica, un baqueano me aconsejó que viajara lo más rápido posible, sin detenerme en ningún lugar porque el auto podía quedar empantanado. Cosa que no ocurrió, porque el Citroën era de los buenos y si bien se movía de costado a costado de la ruta, llegué a ese comienzo de camino pavimentado que unía Sargento Cabral con Chabás. Después tuve que volver al barro.
Esta referencia, insólita tal vez, quiere decir que hoy, unos 60 años después, cada gotita en el parabrisas, me recuerda la lectura de un libro. Arbitrariamente por cierto, pero a los setenta y ocho años, no se discute con nadie y menos aún con el destino.
Por ese entonces, ya era un devorador incansable, lo sigo siendo, de Borges. En la biblioteca del campo me había encontrado con algunos libros que me sorprendieron y que luego olvidé. Por ejemplo, una novela del rumano Mircea Eliade, que volví a leer años después y que tenía un epígrafe que no olvido: "¿Te acuerdas? Y si te acuerdas, ¿me perdonas?".
Pasado el tiempo, las gotas en el parabrisas me hacían imposible la visión, y el parabrisas estaba repleto de libros. En ese entonces, ya había leído alguna de las novelas policiales de la que después se llamó la Serie Negra, que no eran tan negras como se quería suponer. Tampoco son negras las modernas expresiones de ese giro actualmente publicadas y según quienes la promocionan, dicen que son el nuevo género negro. Dicho que de ninguna manera es real, son una copia más o menos pasable de las verdaderas cumbres de ese género.
Ya en esos años, había comenzado a sumar, libro tras libro, de lo que fuera. Los devoraba de una manera más sofisticada a la que una "marabunta" devora un novillo. Me detendré en uno en particular, que ya hemos mencionado por otra parte, "La tumba sin sosiego", de Ciryl Connolly.
Ese libro, me lo regaló Willy Harvey, por los años setenta. Tengo la edición, hecha por Sur en 1949 y magníficamente traducida por Ricardo Baeza. Conservo el ejemplar, tal cual me lo regalo Willy. Ahora más destruido y con muchas más anotaciones. Quiero compartir algunas de ellas. Mi deseo es que este libro se lea.
El original, "The unquiet grave", data de 1944. Es uno de los libros que más amo y si bien creo que existe alguna reedición, de no ser traducida por Baeza no creo que sea válida. Por cierto podría conseguirse en inglés, pero cuando la busqué era imposible encontrarla. Creo que la única manera de llegar hasta él es leyéndolo y marcándolo por todos lados.
Dice Connolly "La recompensa del arte no es la fama ni el éxito sino las embriaguez (?)". "No hay odio sin miedo. El odio es miedo cristalizado, el dividendo del miedo, el miedo objetivado. Odiamos lo que tememos, dondequiera que haya odio, el miedo estará acechando. Así, odiamos lo que amenaza nuestra persona, nuestra libertad, nuestra intimidad, nuestros ingresos, nuestra popularidad, nuestra vanidad y nuestros sueños y nuestros planes para con nosotros mismos".
"El secreto de la felicidad (y, por consiguiente, del éxito) consiste en hallarse en armonía con la existencia, en estar siempre sereno, siempre lúcido. Siempre dispuestos, en sentirse unido al universo sin más conciencia de ello que un idiota, en dejar que cada ola de la vida nos lleve un poco más adentro de la playa".
" (?) nuestra vida no tiene más continuidad que la de un charco entre las rocas que la marea llena de espuma y que vacía luego".
"La unión sexual entre dos seres es la sensación más rara que puede ofrecer la vida (?) El que no la ha sentido, jamás vivió; el que sólo vive para ella, vive sólo en parte".
"Ningún hombre con voluntad de poder puede tener amigos".
"La ansiedad y el desasosiego son el resultado del fracaso en el progreso espiritual".
"Los hombres encontrarán siempre que la cosa más seria de su existencia es gozar".
"Quitar del amor el amor propio, y no quedará gran cosa (?)".
"Los tugurios en que viven los pobres pueden muy bien ser los viveros del crimen, pero los suburbios de la clase media son las incubadoras de la apatía (?)".
"Cuantos más libros leemos, mejor advertimos que la función genuina de un escritor es producir una obra maestra y que ninguna otra finalidad tiene la menor importancia".
"Ningún sufrimiento en la vida es comparable al que dos amantes son capaces de infligirse mutuamente. Esto debe quedar claro a todos los que consideren semejantes uniones. Evitar este dolor constituye el comienzo de la sabiduría, ya que es lo bastante fuerte para contaminar la vida entera".
"Una relación física que colme mutuamente a dos personas es la sensación más excepcional que la vida puede proporcionar. Pero no es del todo real. Cesa en cuanto suena el teléfono. Semejante pasión puede preservar su fuerza inicial añadiéndole o bien más infelicidad (celos, separaciones, duda, renuncia) o más artificialidad (alcohol, técnicas, efectos teatrales). Aquel que no haya vivido esto no ha vivido de verdad; quien vive exclusivamente para ello sólo está en parte vivo".
"El objetivo del Amar es acabar con el Amor. Lo logramos a través de una serie de amores infelices o, sin el estertor de la muerte, gracias a uno que es feliz".
"Dos miedos se alternan en el matrimonio, uno el de la soledad y otro el de la atadura. El terror a la soledad es mayor que el miedo a la atadura, así que nos casamos. Por cada persona que teme ese nudo hay tres aterrorizadas por la libertad. Sin embargo, el amor a la libertad es un sentimiento noble al que aspiran en secreto la mayoría de las personas casadas (...), pero para entonces ya es demasiado tarde; el buey no se convierte en toro, ni la gallina en halcón".
"Si en lugar del famoso e incompetente remedio del Tiempo hubiera una operación que nos curara del amor, ¡cuántos de nosotros nos apresuraríamos a someternos a ella! (...). Yacer seis meses en un refrigerador, o hibernar sumidos en un profundo sueño inducido por narcóticos, probar medicinas nuevas, nuevas glándulas, un corazón nuevo, y despertar con la memoria limpia de despedidas y acusaciones (...)".
"El gran encanto del matrimonio (...) es el diálogo, la permanente conversación entre dos personas que trata sobre todo y sobre todos hasta que la muerte acaba con ella. Esto es lo que, a largo plazo, hace que una recíproca igualdad sea más embriagadora que ningún tipo de servidumbre o dominación. Pero para el artista puede resultar peligrosa; es uno de esos que debe mirar solo por la ventana, y para él, entrar en ese diálogo, la actuación incesante de una vida, es una especie de exquisita distracción que, a pesar del placer de la comprensión conjunta de la comedia humana (...), probablemente le prive de esos momentos mucho más preciosos que son exclusivamente suyos".
Hemos copiado citas del libro, citas elegidas de seguro, por muchos de sus lectores, ahora queremos recordar una de nuestras citas. "¿Le es posible a un ser humano amar sin sentirse descuartizado? Nadie se sintió nunca atormentado en un burdel; no hay nada forzosamente angustioso en el acto sexual. Sin embargo, un rostro entrevisto en el subte puede destruir nuestro sosiego para el resto del día, y una vez que nace la mutua atracción es ya demasiado tarde; pues cuando la emoción sexual crece hasta la pasión, algo nace y crece en ella que tiene su vida propia y que por fácilmente que pueda destruirlo la negligencia o la ignorancia, morirá dolorosamente; y aún después de muerto seguirá muriendo".
Quisiera hacer una aproximación a la obra de Connolly pero en realidad me quedaría siempre a mitad de camino. Comprendo porque algunas frases me tocan tanto, pero no sé bien, como explicarlo. Con "La Tumba sin sosiego" me pasa algo similar a lo que me ocurre con "El journal" de Andre Gide, de quien solo me separa su homosexualidad. No por la búsqueda de un concepto afectivo que puede o no ser polémico, sino por todas las contradicciones que parecen emanar de muchas de sus páginas.
Agregaría los diarios de Jules Renard y los tres tomos de pensamientos de Juan Carlos Paz, músico argentino tan desconocido como músico que como escritor.