Todavía me parece mentira, haber presenciado lo que pudimos ver todos los pasajeros que íbamos en un colectivo de la línea 115, interno 35, el día lunes 8 de julio de 2013, a las 19.40. Se trata de una muy loable actitud que tuvo el chofer Waldemar, (así dijo llamarse cuando lo felicité y le pregunté su nombre). Durante el viaje, en distintas oportunidades, observé cómo este chofer se dirigió con respeto y amabilidad, a pasajeros que le hicieron alguna pregunta o tuvieron inconveniente con la máquina de tarjetas. Pero el principal hecho ocurrió cuando al llegar frente a la terminal de colectivos Mariano Moreno detiene el colectivo con las balizas intermitentes, se levanta de su asiento y se dirige al primer asiento del coche, al asiento destinado para personas discapacitadas. Allí viajaba en esos momentos una señorita no vidente, el chofer le dice que habíamos llegado a la terminal, la ayuda a ponerse de pie, a bajar del colectivo, cruza con ella la calle Santa Fe, y la deja en la entrada de dicha estación. Por suerte yo viajaba sentado en el asiento siguiente así que pude presenciar todo este hecho y junto con todas las personas que pudimos observar este movimiento, quedar atónitos, frente a una actitud que pareció muy normal para él, pero no para nosotros los pasajeros que diariamente estamos acostumbrados a actitudes prepotentes y hostiles de parte de algunos choferes. Hechos y actitudes como éstas, hacen reflexionar que todavía hay gente buena, con valores y códigos; que no todo está perdido en esta Argentina. ¡Vamos que se puede volver a tener un país generoso!






























