—Ante la proximidad de las Pascuas cristianas y el Pesaj judío va esta primera reflexión. Recuerdo una expresión del antropólogo Manilowski: “Cualquiera que haya tenido una experiencia religiosa profunda y sincera, sabe que los momentos religiosos más intensos acaecen en la soledad, en el cese del comercio con el mundo, en la concentración y despego mental y no en la distracción de la multitud”. Comparto la idea. La congregación en el templo (cualquiera sea la religión que se profese) es importante, tiene un sentido de encuentro comunitario (comunión). Es (o debería ser) un encuentro para dar fuerza a la exhortación a Dios mediante la plegaria de conjunto, en el marco de un amor fraternal sincero y rebosante. Pero…, no siempre es así. El encuentro a veces es para cumplir con el precepto y nada más, por costumbre u obligación, para quedar bien con el líder religioso, cuando no para mostrarse. Ese encuentro en el templo no sirve para nada. El encuentro con Dios se hace más fuerte en la soledad, como dice el antropólogo. Revelo algo de mi incompleta e imperfecta vida espiritual: tengo por costumbre orar en el silencio de las madrugadas y varias veces en cada madrugada. Y con frecuencia en medio del fragor del día hago contactos con el otro nivel existencial.































