Mi mamá no era perfecta, no tenía obligación de serlo, como ninguno de nosotros. Con sus virtudes y defectos nos amó incondicionalmente. Vivió pensando en sus hijos y ni hablar de sus nietos, tanto que hasta se olvidó de ella. Era como todas las madres: sobreprotectora, valiente, perseguidora, con una increíble fuerza de voluntad que jamás podré siquiera igualar. Pero también era atropellada y en ocasiones hacía o decía sin medir las consecuencias. Era divertida, sabía cómo hacer reír, no pasaba desapercibida en los festejos, (los que la conocieron me darán la razón sin dudarlo) y en la misma medida era cascarrabia. En fin, como dije era como todas las madres, únicas e irrepetibles para cada uno de nosotros. Por eso la extraño tanto. Por eso escribo hoy, para recordarla, y sobretodo para decirles a todos aquellos que lean estas palabras que se animen, que abracen a sus viejas cada vez que puedan, que le digan cuánto la aman. Yo aprendí que nunca es tarde y también supe que nunca es suficiente. Un beso o un abrazo crean lazos fuertes y enriquecen el alma, no se queden con las ganas. "Feliz día a todas las mamás". "Feliz día Nelly". ¡Te amo! Vivís en nuestros corazones y estás presente en cada momento de nuestras vidas.

































