Leyendo el artículo de "cunas para abandonar bebés: baby-box" (cajas que permiten a las madres dejar a sus recién nacidos) no pude dejar de pensar en qué imperiosa es la necesidad de educación sexual, asesoramiento psicológico en entes de salud, escuelas y planificación familiar (aclaro "familiar" y no del Estado con sus aberraciones como en China). Proliferan en Alemania (99); Polonia (45) hasta los que tienen una: Vaticano, Canadá, Japón y Estados Unidos, entre otras. Como sistema aducen que antes de que se los abandone en un contenedor, a veces es preferible a que los "depositen sus padres, familiares o proxenetas" en estas cajas acondicionadas. Coincido con el psicólogo Browne en que "el sistema es tan anónimo, tan alejado de dar ayuda psicológica, que genera una situación dañina para la madre e hijo". Traté de imaginar una madre desesperada, quizás, como atenuante a querer alejarse de ese niño producto de una violación, pero no encuentro justificación para el abandono anónimamente. Tengo entendido que quienes son adoptados en algún momento necesitan un referente genealógico para saciar sus dudas, recuperar su historia, por fuera de que después sean adoptados por familias que les otorguen todo el amor que no tuvieron en su gestación. Este tipo de depósito de encomiendas a mi entender soluciona parcialmente que se los abandone en lugares preparados, evitando la muerte de los niños, pero no logra profundizar los conflictos de quien lo gestó y con las futuras consecuencias dolorosas para el niño abandonado.























