Si bien mi cuñado Sergio percibió en su propio cuerpo que la inseguridad no es una simple "sensación" desencajada de la realidad. Si bien la bala que recibió y el posterior asalto que sufrió dan cuenta de la existencia de pibes que —vaya a saber uno por qué- han ido cruzando líneas en su vida y hoy experimentan y transmiten la falta de amor que tienen a su alrededor. Si bien estas son realidades cada vez más cotidianas, más cotidiana y real, más expansiva y contagiosa es la expresión de la solidaridad entre los seres humanos. Para reponer la sangre que mi cuñado había perdido era necesario conseguir 13 dadores del grupo 0 negativo. La cantidad de donantes debía ser enorme y para hacerla más complicada, a mi cuñado se le ocurrió tener el "tipo" más difícil. "Tarea imposible", pensamos a priori. Pero ahí no más se armó la campaña: Facebook, celulares, listas de contacto de mails. Muchos jóvenes y otros no tan jóvenes moviéndonos "a una" para lograr el titánico objetivo. Y se produjo el milagro. Al día siguiente, apenas a las 10 de la mañana el banco de sangre ya había cubierto todas las unidades necesarias. Solidaridad, hermosa solidaridad. Gracias muy especiales a Mariel, Mauricio, Eugenio, Marina, Liliana, Eliano, Erica, Ramiro, Ignacio, Reinaldo, Nicolás, Luis y Alberto, que ayudaron con su sangre a que Sergio siga peleándola. Gracias también a los vecinos que le brindaron los primeros auxilios y a los profesionales que están haciendo maravillas por su recuperación. Va un último agradecimiento a todos los que están ofreciendo sus oraciones y sus esfuerzos. No hay duda que "el mal se vence con sobreabundancia de bien". ¡Y cuánto bien sobreabunda en nuestra querida ciudad! Gracias a todos.























