Sábado a las 19, un VW Vento se detuvo en Chacabuco al 3900 frente a un pasillo donde viven miembros de una vieja familia ligada al narcomenudeo. Cuando Esteban Vallejo salió de la puerta del pasillo una ráfaga de no menos de 25 tiros barrió su cuerpo. Tenía 32 años, le decían “Flaco” y no vivía allí.
Un rato después un auto con cuatro ocupantes similar al usado en el crimen eludió un control policial a unos nueve kilómetros de allí y dio inicio a una intensa persecución hasta Magallanes y pasaje Rafaela, donde los sospechosos huyeron a la carrera pero uno fue capturado. Estaba “totalmente drogado y fuera de sí”, dijeron sus captores. Adentro del auto hallaron dos vainas servidas que serán peritadas para constatar si coinciden con el arma homicida.
Según coincidieron fuentes de la investigación y relatos de vecinos, en la cuadra donde mataron Vallejo viven integrantes de una familia que sufrió varias muertes violentas, de las cuales en el barrio aún se recuerdan al menos dos: la de Norberto Armanino, en 2011, y la más reciente de Carlos Fabián Armanino, ejecutado de cuatro disparos en Chacabuco y Presidente Quintana en 2018. Al parecer Vallejo asistía a otro integrante de la familia que está en silla de ruedas y recuperándose de heridas de bala.
“En el barrio nunca hay mucha gente en la calle, sabés que pueden pasar tirando y entonces no salís. Sólo circulan quienes van a hacer algún mandado, así que cuando escuchamos los tiros nos tiramos al piso. El muchacho, al que le decíamos el Flaco hace un tiempo que venía a una casa que está al fondo de un pasillo. No sé si era amigo o no del otro hombre que vive ahí”, resumió una vecina.
“Como una metralleta”
Algunos vecinos alcanzaron a ver que pasadas las 18.30 del sábado un VW Vento estacionó un instante frente a la puerta del pasillo cuando Vallejo salía. Luego fue todo tiros. “Se escuchó como una metralleta. El muchacho quedó tirado en la entrada, tenía tiros por todos lados y uno en la frente. No respiraba ni se movía”, contó otra vecina.
Al preguntar en la zona, varias personas coincidieron en que Vallejo “era flaquito y alto, inconfundible con otra persona”. Dijeron que hacía un tiempo que iba a esa casa, “hacía los mandados y ayudaba al muchacho que está en silla de ruedas”.
“A veces pasaba horas sentado en la esquina de Chacabuco y Quintana con una cerveza en la mano. Era tranquilo y no molestaba a nadie. Me parece que a veces venía la esposa con dos chicos chiquitos, pero no vivían acá”, recordó un vecino mientras otro agregaba: “Siempre pasan tirando tiros. Ese sábado estaba tranquilo por que cinco minutos antes de que mataran al Flaco había una camioneta de Gendarmería estacionada por Chacabuco. Apenas se fueron apareció el auto”.
“El auto —agregó otro vecino— se había metido de contramano por Chacabuco y seguro que los que estaban en la camioneta de Gendarmería los escucharon. Si lo seguían por Doctor Riva los agarraban”.
Luego de los tiros y corridas entraron varios llamados al 911. Al llegar la policía, efectivos de Gendarmería ya habían vallado la entrada del pasillo. Personal del Sies constató que el cuerpo del Flaco tenía 16 impactos de bala en brazo, tórax y abdomen. En la escena se levantaron diez vainas servidas, tres plomos y un celular Samsung con un impacto de bala.
La descripción y el dominio del Vento fueron dados a conocer a los policías que patrullaban distintas zonas de la ciudad. Así, un patrullero lo cruzó momentos después en Pedro Lino Funes y la vía, a unas 90 cuadras de donde habían asesinado a Vallejo. Los efectivos quisieron identificar a sus ocupantes que respondieron a los tiros. Hubo una persecución por unas cuadras hasta que los sospechosos bajaron del auto en Magallanes y Rafaela para huir corriendo.
En ese marco uno de los sospechosos fue atrapado en el lugar. Juan Pablo S., de 25 años, tiene según fuentes policiales antecedentes por robo y narcomenudeo. En el auto se hallaron dos vainas servidas calibre 9 milímetros que fueron derivadas al laboratorio para peritar si corresponden al arma homicida.
En otro orden, el auto secuestrado llevaba una patente DDT430, que en realidad pertenecía a un Fiat Palio robado hace unas semanas. También sobre el VW Vento pesaba un pedido de secuestro por haber sido robado en zona sur.
Llamativo
En ese contexto tanto a la policía coma al fiscal que investiga lo ocurrido, Patricio Saldutti, les llamó la atención que un homicidio sucedido en Tablada y que se presume como una amenaza a integrantes de una familia se haya ejecutado con gente llegada de barrio Ludueña, de donde es oriundo el sospechoso detenido.
“Es probable que esto sea una suerte de sociedad de distintas bandas o amenazas por guerra de territorio. Antes la vida del delito en Tablada siempre apuntaba hacia el sur, no hacia el oeste, pero es evidente que las bandas se rearman y cruzan los territorios. Se habla de un grupo liderado por un tal Milanesa o la familia T. en este caso oriundos de Empalme Graneros”, arriesgó un antiguo jefe policial.