Con mucho más fervor que en años anteriores y un pocas veces visto sentido de la
apropiación histórica de las gestas colectivas, muchos en la provincia de Santa Fe se acordaron
este año de recordar un nuevo aniversario —el número 96— del Grito de Alcorta. El
levantamiento chacarero de 1912, cuando los por entonces arrendatarios pedían reglas de juego
claras a los grandes propietarios de la tierra, ocupó esta semana un lugar central en la agenda
pública capitalina, preocupada como nunca por lo que pasa en el campo.
Lejos del miedo a las guerras, a las mangas de langostas o a la injusta
repartición de la tierra que preocupaban a los productores de hace 100 años, los reclamos de los
chacareros-propietarios posmodernos parecen en cambio centrarse en la preservación de las ganancias
extraordinarias que brinda la misma Pampa que transitaron sus abuelos.
De la gloria a la depresión
A principios del siglo XIX Argentina se sacudía la resaca de los grandes
festejos del Centenario ya muy consolidada como gran proveedora mundial de cereales y carnes.
Además de las ventajas naturales —la tierra y el clima—, la llegada de capitales
externos y de colonos europeos con tradición de trabajo agrícola, más el desarrollo de la
infraestructura de puertos y ferrocarriles, permitieron que el país pisara fuerte en los mercados
mundiales de materias primas.
Sin embargo, con el estallido de la primera guerra mundial la situación cambió
drásticamente: se cerraron los mercados externos y también cesó el flujo de capitales, lo que se
tradujo en una drástica caída de las exportaciones locales.
El pésimo contexto internacional le dio entonces visibilidad a conflictos que,
si bien ya existían, estaban tapados bajo las montañas de divisas que entraban por la venta de
commodities. La crisis económica hizo crujir la estructura social agraria, donde todos los actores
empezaban a reclamar por lo suyo. "En la década de 1910 emerge con fuerza la cuestión social
pampeana a través de numerosos conflictos que ponen en la discusión pública los aspectos negativos
del modelo expansivo", dicen Osvaldo Barsky y Jorge Gelman en su libro Historia del Agro
Argentino.
El endeudamiento que tenían los agricultores, los altos montos de los
arrendamientos, la suba de los costos de los diferentes insumos y la brusca caída de los precios
internacionales del maíz están en el origen de la asamblea de productores de Alcorta, el fenómeno
histórico que después adoptaría el nombre de Grito de Alcorta y que significó además la partida de
nacimiento de la Federación Agraria Argentina (FAA). Fue, como dice el historiador de las UNR Oscar
Videla, el "debut gremial de los chacareros".
"El Grito de Alcorta fue el inicio de un largo ciclo a lo largo del cual los
distintos actores del agro santafesino construyeron formas de vinculación y de enfrentamiento, y
definieron relaciones específicas con los Estados nacional y provincial", resumió Videla en la
Nueva Historia de Santa Fe.
De 1912 a 2008
Por cuestiones de fecha, es imposible no buscar en la actual protesta ruralista
las similitudes y las diferencias con la que estalló en el sur provincial hace 96 años. "La primera
idea visible que habla de las continuidades entre las dos protestas es el peso corporativo de los
actores. En Alcorta surgió la FAA, apareció también en danza la Sociedad Rural, y luego se sumaron
las Bolsas de Cereales. En el año 1912 el peso de las corporaciones como vehículo de los intereses
individuales era muy visible, igual que ocurre ahora", apuntó Videla, invitado junto a su colega
Marta Bonaudo por la comuna de Alcorta para conmemorar con un taller el 96 aniversario del
levantamiento.
Según Videla, tal vez una de las mayores diferencias entre las dos protestas
agrarias tiene que ver con los actores del conflicto. Dentro de un escenario extremadamente
complejo, con una variedad importante de jugadores, la figura del chacarero es en la actualidad
bastante diferente de lo que era a principios del siglo XIX. "En el 12 los chacareros eran casi por
definición arrendatarios que dependían de las reglas que imponían los grandes. Basaban sus
ganancias en la autoexplotación de sus propios recursos, en el trabajo familiar y en la mano de
obra de los braceros. En cambio hoy, y debido en buena parte a la lucha del 12, la enorme mayoría
de los chacareros son pequeños o medianos propietarios que tienen un margen de ganancia mucho mayor
al que lograban siendo arrendatarios", puntualizó el especialista.
Según Videla, una de las "novedades" de la protesta que llevaron adelante los
ruralistas tiene que ver con el arrendamiento, una modalidad que si bien estaba ya presente hace un
siglo hoy cambió de sentido. "Antes el chico le arrendaba al grande, pero en cambio ahora muchos
pequeños productores le arriendan a los famosos pooles de siembra. Hubo un cambio radical de
lógica", dijo el investigador.
Campo y capitalismo
Elida Sonzogni, historiadora e investigadora de la UNR, situó las dos protestas
como eslabones dentro del desarrollo en el tiempo del sistema capitalista. "A principios del siglo
XIX los chacareros, que no eran propietarios, reclamaban mejoras dentro de lo que era el desarrollo
de un capitalismo a la argentina. Hoy, en cambio, aparecen nuevos actores vinculados con lo que
llamamos la globalización o el capitalismo tardío, como las multinacionales cerealeras o algunas
entidades de comercialización intermedia".
Para Videla también queda claro que el reclamo del 12 se inscribía dentro de un
marco de formación del sistema legal del capitalismo nacional. "Los asambleístas de Alcorta pedían
por libertades capitalistas básicas, como poder elegir con quien comercializar el grano o la
extensión de los contratos de arrendamiento de los campos", dijo.